Mostrando entradas con la etiqueta Barquerito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barquerito. Mostrar todas las entradas

jueves, mayo 23, 2019

Roca Rey







Quedaba el sexto como último cartucho de la primera de las tres tardes que Roca Rey tiene firmadas en la feria. Y fue con ese toro, muy en juampedro clásico, negro zaino, culopollo, serio por delante. Con ese toro fue el poner de acuerdo a todos, tirios y troyanos, porque con él llegó la faena de consagración. Una faena de fantástica rotundidad por lo que tuvo de gobierno del toro desde el arranque en los medios –cite de largo, un cambiado por la espalda librado a media altura y no por arriba, y dos parecidos al instante cosidos con el natural y el de pecho- hasta la hora misma de la igualada, cuyo prólogo inmediato fueron una tanda de cinco naturales monumentales, y el de pecho, y una muy temeraria serie de bernadinas abrochadas con la trincherilla y el natural. Y, luego, la estocada hasta el puño y en la yema. 

Barquerito

Fotos: Andrew Moore

miércoles, mayo 15, 2019

Javier Cortés


" Javier Cortés logró los momentos más redondos y felices de la corrida con el quinto toro y con la mano izquierda. No solo eso: su aplomo en todas las bazas, su diligencia y seguridad. Su manera de embraguetarse con el segundo antes de que dos enganchones sucesivos cortaran el fluido. Una manera de pisar propia del torero seguro de sí mismo. "
Barquerito
Foto: Andrew Moore

martes, abril 30, 2019

Sobre Ignacio Olmos ( Barquerito)


La sorpresa de la fiesta fue este Ignacio Olmos que llegó a las Ventas como un desconocido pero salió del debut con cartel de novillero relevante, valiente y capaz. El toreo en la cabeza, una llamativa naturalidad, asiento y colocación nada comunes en toreros nuevos o por hacer, una mano izquierda soberbia, sentido clásico al torear –por los vuelos, el engaño por delante, ligazón, remate. Dos faenas de distinto planteamiento pero muy llenas de ideas y logros las dos. La del sexto, entera por la izquierda en seis tandas esplendidas con la izquierda, fue de mayúsculo mérito. La del tercero, dificultada por el sentido y listeza del toro, que lo cogió dos veces y le hirió la segunda de ella, fue notable por su firmeza. Contó la inteligencia de rehilar más que ligar para ganarle por la mano la partida al toro. Hubo dos o tres muletazos de cámara lenta dentro de un todo de pureza y seriedad.

Barquerito

lunes, mayo 08, 2017

Los toros de Miura vistos por Barquerito


LOS TRES PRIMEROS miuras eran cuatreños. Cinqueños los otros tres. Seriamente armada, ofensiva sin excepción, diversa de hechuras y temperamento, tal vez abierta de líneas y reatas, la corrida toda cumplió con los caracteres fijados en Miura. Salidas vivas y desafiantes, sello particular al descararse o dolerse de la divisa al romper la barrera de la luz y del sonido. Del silencio oscuro de los chiqueros de la Maestranza al brillo rutilante de la arena de albero de Sevilla en la tarde más calurosa de toda la feria. Y zurcir a cornadas el burladero donde trataron de amarrarlos a los seis mientras el caballo de pica ganaba la puerta del desolladero. En ese gesto de zurcir tablas, recular y recargar se identifica la fiereza.
Y la clave que es prueba mayor: prontitud en el caballo incluso cuando fueron puestos en largas distancias y peleas serias, incluso enceladas en varas, donde cobraron y sangraron más de la cuenta dos de los toros que mejor se emplearon, el cuarto y el sexto. También en banderillas se avinieron los seis toros al código Miura, que es tanto como esperar más de lo normal y, en la arrancada seca de la reunión, no consentir a nadie pisarle terreno ni sacar los brazos en los cuarteos. Se atrevió a hacerlo con el tercero un banderillero tan seguro como Curro Robles y, cazador cazado, salió prendido y volteado del par que cerraba tercio. E ileso.
Los tres primeros bramaron. Los célebres, inconfundibles, roncos, desoladores bramidos de Miura. Música de cámara que a veces hiela la sangre. La tradición –con su historia no siempre bien contada- pide, además, que los miuras se descompongan en la muleta y desarrollen sentido. La listeza, la agresividad. La leyenda. El quinto de corrida, un cárdeno Amapolo de casi 650 kilos, amplio de verdad, contravino por entero esa ley no escrita. Toro de fijeza, temple y entrega muy notables.
Noble fue la corrida toda, incluso un cuarto revoltoso y picante, enigmático y atento a cuanto se sintiera o moviera, sangrado en exceso, apalancado cuando sintió a Nazaré encima o al resentirse de un primer puyazo enganchado contra las cuerdas y un segundo trasero. También un tercero que en la suerte de larga a porta gayola desarmó a Esaú Fernández, lo tuvo entre las manos como presa y se bastó con pegarle dos o tres pisotones. Uno de ellos, tan violento, que dejó al torero conmocionado en el suelo, sin sentido. El sexto, que cobró un volatín entero al salir del primer puyazo pero tomó a pesar de eso tres varas, le vino grande a Esaú Fernández. Fue uno de los tres toros buenos de la corrida, pero no pudo verse como los otros dos.
Los otros dos fueron ese quinto tan completo y un segundo que no tanto porque tardó en romper.


Barquerito

martes, abril 18, 2017

Sobre la buena corrida de Pedraza de Yeltes en Arles ( Barquerito)



EL CUPO Y EL TURNO toristas de la Pascua de Arles corrió a cargo de una muy voluminosa corrida de Pedraza de Yeltes, que dio en vivo un promedio de 570 kilos. Los dos últimos aparentaron todavía más. Serio por delante el envío entero. Dos toros particularmente ofensivos: un primero estrecho y talludo, armado por delante, y un sexto ancho y abierto de cara, atacadísimo, ensillado y largo, inmensa mole aplomada.
Fue corrida variada de pintas. (...). El cuajo, las caras, la romana, la gravedad y la seriedad en conjunto del remate compusieron un mosaico del gusto del aficionado torista. Desde gradas y tendidos de sol se siguió la corrida primando al toro sin la menor reserva. El público todo supo ser generoso con los tres espadas. La presidencia, también. La exigencia con los picadores, mayor de lo habitual en la plaza francesa que sea. Salieron a picar los caballos muy pesados y domados. No hubo ni un solo derribo. Sí varios marronazos a toros que vinieron corridos.
La sorpresa fue que se les dio en varas a todos trato parecido al que se gasta en las corridas concurso. (…)
Pero los seis toros se picaron donde se pica o picaba en las concurso y, como si hubiera habido un pacto, a los seis se les puso en distancias más que respetables. En una imaginaria boca de riesgo, que aquí no hay. O en el centro del óvalo del anfiteatro. Hubo toros, los tres últimos, de tres puyazos más o menos en regla. Galopar al caballo propiamente no lo hizo ninguno, pero salvo el quinto todos se batieron. Primero y segundo fueron los de mejor nota con diferencia. Salvo tercero y sexto, todos fueron aplaudidos en el arrastre. Al final saludó el mayoral.
Los dos primeros fueron los de mejor cumplir en varas y, de paso, los más prontos en la muleta. Noble el uno, que galopó y metió la cara. Repetidor el otro, que descolgó lo que pudo porque era muy alto de agujas y corto de cuello. Con ellos se vieron las dos faenas de más calado. Distinguido y templado Morenito de Aranda en un trabajo de aliento: cites en larga distancia, dos de ellos de punta a punta, reuniones severas, airosos remates, una soberbia tanda con la izquierda. Y, ay, una estocada en los bajos. Fandiño no pudo tomarse ni un respiro con el segundo, que atacó sin desmayo y, toro a más, acabó embalado y encelado, todo lo cual revistió de emociones el trasteo firme, mandón y resuelto del torero de Orduña.
El resto de función no tuvo tanta intensidad. 


Barquerito


lunes, abril 03, 2017

Sobre los novillos de La Quinta en Las Ventas ( Barquerito)


Cuatros novillos -1º, 3º, 4º y 5º de La Quinta (Álvaro Martínez Conradi), uno -6º- de Rehuelga (Rafael Buendía) que completaba corrida y un sobrero -2º bis- de San Martín (Alberto Manuel) 
CINCO NOVILLOS en tipo pero de muy diversas hechuras de La Quinta pasaron reconocimiento. Uno de ellos, segundo de sorteo, por acalambrado o por renquear, fue devuelto después de un segundo puyazo y de haber derribado en el primero de los dos. El son de los cuatro restantes fue tan diverso como sus propias hechuras. Dieron muy buen juego tres: un primero muy en lo antiguo de Buendía, de son y fondo muy regulares –de regularidad-, un cuarto de pecho y culata muy anchos, que se movió pronto y quiso con nobleza, y un quinto, Pavito, probablemente salido del cruce Saltillo-Buendia tan privativo de La Quinta, que descolgó ya de salida, peleó en dos varas medidas y fue en la muleta de calidad extraordinaria.

El primero fue muy aplaudido en el arrastre. Para el quinto se pidió la vuelta al ruedo. 

viernes, abril 24, 2015

Sobre la corrida de Victorino en Sevilla


El único victorino que no me gustó fue el primero por blando y soso. Segundo y sexto, fueron los típicos toros victorinos listos y exigentes, que podían haber roto si se les hubieran hecho bien las cosas. El tercero fue muy fiero y encastado. El cuarto fue alegre al caballo y en la muleta tuvo una clase excepcional. Le fue concedida la vuelta al ruedo con todo merecimiento. Pues bien, todavía fue más bravo el quinto de la tarde. Se comió el caballo en dos puyazos donde apretó por abajo, empujando más que el cuarto. Y en la muleta tuvo esa embestida humillada y vibrante de los buenos saltillos. Este quinto también merecía la vuelta al ruedo. Pero ya se sabe, esta clase de galardones suelen vincularse al éxito del torero, y El Cid estuvo como la chata…Además, los victorinos estuvieron muy bien presentados, por parejos y armoniosos.

Antonio Ferrera se mostró magistral en todo lo largo y ancho de la tarde. Sólo tuvo un fallo su actuación, no tirarse a matar con decisión al cuarto de la tarde, después de haberle cuajado una faena memorable por cadenciosa e inspirada. Después de haber toreado así, no se puede entrar a matar con tan poca decisión.

Domingo Delgado de la Cámara - aquí la crónica

Una faena extraordinaria de Antonio Ferrera. Al toro más serio de los seis: ni el más pesado, ni el más hecho, ni el más armado tampoco. Pero el de fondo más bélico y, seguramente por eso, el que mejor y más se dio. Toreo del grande y del caro. Completo Ferrera. La lidia, de una precisión y una sobriedad nada comunes. El toro volvía contrario, echó al principio las manos por delante, los dos arreones al caballo de pica fueron escalofriantes, y la manera de apretar. Una punta de fiereza.
Sobre un caballo sensacional de la cuadra de Peña, picó bien de verdad Dionisio Grilo. De los dos puyazos y tras dos largas peleas salió el toro suelto sin disimulo. Hasta esas dos salidas pareció haber dado Ferrera por descontadas. Le cumplía el toro, le gustaba. Banderilleó con diligencia –dos bravos pares de poder a poder, un tercero cambiado en tablas- y brindó al público.
La cosa estalló enseguida. Tres muletazos de tanteo y a los medios sin más espera. El toro pretendió soltarse –una rara y pasajera querencia hacia la puerta de arrastre- pero Ferrera acertó a sujetarlo sin violencia. Dos o tres veces. Como si lo convenciera. Un dechado de conocimiento: la distancia, el modo de enganchar por abajo, el compás de cada trazo y cada tramo. A los diez muletazos, Ferrera, plantado en la boca de riego, ya era el dueño del toro. Y a partir de entonces vinieron a sucederse hasta siete tandas de rigor y primor extraordinarios. La medida justa: cuando el toro admitió seis ligados, los seis; si cinco, los cinco. Y los remates cambiados o de pecho. El toro vino humillado y desahogado, mejor por la diestra que por la siniestra.
El jaleo fue monumental: la banda de música –tal vez el “Ragón Felez” no fuera el pasodoble adecuado-, el murmullo de fondo, el clamor de la gente, los óles y los bienes subrayando todos y cada uno de los muletazos. Solo un rasgadito del envés de la franela en un pase por alto. Un delirio, que fue creciendo cuando, hecha la faena, Ferrera se adornó con toreo enroscado en redondo a cámara lenta. Fantástico ritmo.
Antes de la igualada, que iba a ser en el mismo terreno donde el toro había pretendido soltarse, Ferrera toreó a placer. Muletazos genuflexos por bajo, larguísimos, de grueso calado. Cuadrado para la muerte, el toro se encampanó ligeramente. Ferrera atacó en la suerte contraria. Un pinchazo hondo y trasero.(...)  Vuelta por aclamación para el toro de Victorino: “Mecanizado”, número 73. Y vuelta aclamadísima para Ferrera. La faena de la feria.

Barquerito- aquí la crónica -

martes, abril 07, 2015

Bravos ibanes, muy notable Juan Del Álamo



LA GUINDA TORISTA de la Pascua de Arles la puso una brava corrida de Baltasar Ibán. Hermosa, variada y desigual. Sin ser particularmente ofensiva –muy astifino el sexto, y eso lo distinguió de los demás-, fue corrida de cara presencia. El trapío es apariencia y seriedad. Un toro cinqueño, que rompió plaza, con la hondura propia de la edad. Cuatreños y bien hechos los cinco restantes. De bello cuajo segundo y tercero. Ovacionado de salida el quinto.
No solo el escaparate. Los seis fueron bravos en el caballo: de largo se arrancaron todos, pero no todos pelearon igual. Los dos picadores de la cuadrilla de Juan del Álamo, Paco María Cenizo y Óscar Bernal, certeros y valerosos, buenos jinetes, lucieron sendos tercios de varas. Y se celebraron los dos.
Los toristas del país reclamaron hasta un tercer puyazo para el tercero de corrida, el picado por Paco Cenizo, pero no quiso el palco. El toro, que arreó en serio y se vino arriba luego, lo habría admitido. Son cosas que después se descubren. Ese fue el toro de la tarde: el más completo y pronto, el de más ganas de pelea de los veinticuatro en puntas jugados en la feria, Con su ritmo agresivo, su entrega y su punto fiero. “Camarito”, número 44. De reata reconocida en la ganadería.
Con el toro de la feria estuvo hecho un jabato Juan del Álamo. Encajado y templado en el saludo de capa –el toro al ataque, el rabo enhiesto, desfogándose en cada viaje-, listo para lidiar sin un capotazo de más, y bravo, ambicioso y seguro a la hora de la verdad, que fue la de ponerse delante sin trampa ni cartón. Tragar, aguantar y acompasarse. Dar al toro la distancia donde más brioso se venía. Ligarlo sin perderle pasos ni tomarse ventajas.
Faena de gran corazón, siempre sostenida y, sin embargo, faena a más. De emoción. Dos tandas con la izquierda –una de ellas, de hasta cinco ligados y el de pecho- fueron espléndidas. 
(...)
Las dos le dieron al torero de Ciudad Rodrigo del sexto, que fue con diferencia el más complicado de la tarde. Toro degollado, negro bragado, de hechuras y estirpe distintas al común de la corrida. No muchas fuerzas –soberbio el segundo puyazo de Óscar Bernal, el palo echado a la mexicana, y ovacionadísimo por eso- y el estilo pegajoso propio de la casta sin poder, que es tan incómoda. Como algún toro de Victorino, por ejemplo.
Sopló viento de última hora. Del Álamo buscó dónde. Y acertó con la fórmula: paciente, la muleta al hocico cuando el toro empezó a revolverse, valor frio para tragar dos parones, sueltos los brazos, seguridad rampante y faena de menos a más. Soberbios los de pecho. Hasta llegar a tener en la mano el toro. Nada sencillo. Una estocada hasta la bola. Sin puntilla el toro, que se arrastró entre ovaciones. Sacaron a saludar al mayoral.

Barquerito- de la crónica "Bravos ibanes, muy notable Juan del Álamo"

domingo, mayo 11, 2014

Sobre la primera tarde de Juan del Álamo en San Isidro (Barquerito)


Se podía apostar antes de las siete por el torero de Ciudad Rodrigo, que venía de triunfar en Sevilla con fuerza –pero sin espada- con un inmenso toro de Montalvo de casi seis años también. La sorpresa fue que ese sobrero, del hierro de Vellosino y estirpe Arribas, altísimo de agujas y grupas, muy badanudo, rompiera tan en dócil como lo hizo después de varios anuncios en contrario porque hizo cosas de toro corraleado –corretón, buscaba puertas, punteó engaños, se soltó, pero se fue por su cuenta a cobrar la segunda vara, pegó topetazos antes de banderillas y rabeaba más de manso que de bravo.
Mano de santo fueron los seis o siete muletazos de tanteo con que lo dejó Juan del Álamo ahormado y fijado, bajados los humos, desengañado. A eso se llama meter un toro en la muleta. Dueño del toro fue desde entonces Juan, firme en zona de peligro, tranquilo, templado y puro, porque las cinco tandas tan en serio que le pegó al toro, las cinco que tuvo, fueron de toreo ligado, embraguetado, por abajo y bien rematado. El toro agradeció las pausas pero también que las tandas fueran de cinco y seis.
La marca de la faena fue la cadencia, toreo muy despacioso. Por una y otra mano. La elección de terrenos y la medida: eso también contó. Y una estocada por el hoyo de las agujas. Con ella dentro se fue el toro a tablas a morir.
Barquerito -aquí la crónica completa

Fotos: Tierras Taurinas




domingo, abril 27, 2014

El tercio de varas en la corrida concurso de Zaragoza visto por Barquerito

Los seis toros atacaron en casi todas las bazas de largo y hasta de larguísimo. El de Alcurrucén lo hizo casi de punta a punta con dos galopes más de purasangre que de toro de lidia. La conducta contra peto, caballo y piquero fue muy diversa dentro de la nota común de bravura. El de Zalduendo peleó en serio -fue toro muy belicoso- pero se salió algo suelto después de la pelea. El de Cuadri empujó de costado en el primer puyazo, se repuchó ligeramente en los dos siguientes y echó el borroncito de escarbar entre la segunda y la tercera vara. El de Alcurrucén se arrancó a vivo galope y sin duelo hasta en cuatro ataques. El de Adolfo Martín fue el que más y mejor metió los riñones, el único de los seis que recargó y romaneó tras un serio primer puyazo. El de Fuente Ymbro, que también escarbó hasta dos veces, fue el único que derribó muy espectacularmente y le hizo dos croquetas completas a un caballo de pica que parecía inexpugnable, y, además, de eso, fue el toro con mejor salida del castigo. El bellísimo toro de Ana Romero que cerraba la nómina de concursantes tuvo la fatalidad de meter la mano en algún hoyo y de renquear a partir de entonces, y aunque quiso mucho, no pudo. Después de claudicar en las tres reuniones de banderillas fue devuelto. Fuera de concurso se soltó un tremebundo cinqueño de Alcurrucén, que se empleó en dos varas solo lo imprescindible.(...)
Se jalearon todos los viajes de los toros a los caballos de pica. Se lo pensó más que ninguno el de Cuadri pero, cuando se echaron a galopar sus 630 kilos de ala, la gente se emocionó. Los cites perfectos de Tito Sandoval al caballo fueron una provocación irresistible.

Barquerito - Aquí la crónica completa -


Notas:

-Una buena corrida de toros. Me alegro especialmente por la afición maña.
-Para mi el toro más bravo fue el de Adolfo Martín
-¡Hay que recuperar el tercio de varas!!!!!
Foto: Aplausos



domingo, marzo 16, 2014

Sobre la corrida de Juan Pedro Domecq en Valencia

Ganadería. Seis toros de Juan Pedro Domecq. El primero, jugado de sobrero. Corrida de muy justo aliento, nobilísima astifina, dócil hasta el empalago. 

La corrida de Juan Pedro Domecq, muy astifina, no tuvo mayor misterio ni fondo ni secreto. Casi el toro de laboratorio, reglado, previsible hasta la exageración. La fiereza domada en redomas hasta rizar el rizo y rozar la mansedumbre o la no bravura. Embestidas más o menos mecánicas. Particularmente meloso el son de un tercero que, asustadizo de salida, y entonces hizo amago de triscar, fue protestado. Hasta que se le encendió el resorte para ir y venir sin duelo. Literalmente exprimido, el cuarto, con más cuerda que gasolina, se vino incorregiblemente a morir a las tablas con el aire rendido del toro rajado. El segundo de la tarde -Morante al aparato- fue de bondad superlativa, pero tuvo momentos espásticos. Tuvieron muy poco trabajo los picadores, los caballos de pica fueron casi comparsas. El quinto se salió suelto de sus dos ataques desganados y fue el único que cantó la gallina. No se sabe por qué razón pitaron a ese toro en el arrastre. Sólo a ese

(Barquerito)

Nota: ¿Qué puede interesar lo que se hiciese a ese ganado?

miércoles, septiembre 18, 2013

Barquerito escribe sobre la novillada de Tomás Prieto de la Cal en Las Ventas

Cinco novillos de Prieto de la Cal y un sobrero -4º- de Toros de Mollalta. Tercero y sexto dieron juego. Al ataque los dos. Manejable pero acostándose demasiado el segundo. De pobre nota los otros dos.
 Solo el sexto sacó la pinta jabonera antigua y clásica: capa dorada y lustrosa, impecable, cegadora, muy hermosa, como cepillada. Astifino, armado por delante, guerrero, de mucha movilidad fue para el ganadero el de mejor nota: el más poderoso(...)
 un tercero de festejo, colorado, muy bien hecho, que remató de salida, atacó mucho y, sin llegar a romper, se empleó. 
 Son odiosas las comparaciones, pero la cosa se prestó: habría que haber visto esos dos toros en manos de los dos novilleros rodados de esta baza.
Barquerito- Colpisa-


lunes, agosto 19, 2013

Sobre los indultos ( Barquerito)

La idea del indulto fue idealismo ilustrado. Es decir, científico: la pervivencia de la bravura pasaba por el indulto del toro toreado en plaza y en público. Indulto preservado para la bravura clásica. Para la fiereza dentro de unos límites.
Los mercaderes trastocaron la idea. Se cruzó una idea transversal: el espíritu de Walt Disney, la mezquinad financiera de ganaderos, la banalidad literaria, el venal comercio. Ha cundido la idea inaceptable de que un torero “indulta un toro”. Falacia mayúscula. . La estadística enseña que se han indultado por norma cientos de toros como carretones. No bravos, ¿Mansos? Tampoco. Lo duro es admitir como si tal cosa que a un toro “se le perdona la vida”. El indulto es una medalla de latón, que no de oro. El toro bravo muere en la plaza. Y, si no, no sería tan bravo. Los patrocinadores del indulto gratuito llevan años tratando de sofocar el debate sobre el torismo. Nunca podrán convencer.
(Barquerito)

lunes, abril 22, 2013

Los toros de Miura vistos por Barquerito

Los miuras de son fueron toros de diversa fortuna: el cuarto, no el de más peso pero sí el de más cuajo de todos, remató de salida con estilo sobresaliente, pero, al ser cerrado a destiempo, se estrelló contra un burladero, el de capotes, y se tronchó el cuerno izquierdo por mitad de la pala. Lo devolvieron sin demora. Sensación segura de que el toro era de excelente reata. Por la manera de galopar, por las hechuras, hasta por el aire con que volvió a corrales. Acudió a un toque de capote entre barreras y lo tomó largo. Al limbo el toro.
Los otros tres de nota fueron distintos, pero tuvieron en común la prontitud, la viveza y la entrega. Cárdenos, como toda la corrida entera, incluido el reserva, que salió, por cierto, rana: perverso, geniudo, listo, violento y la defensiva. Una prenda. El segundo se descaró de salida nervioso y buscando caras por el tendido –señal tan propia de Miura-, no remató en el caballo, galopó en banderillas y quiso mejor por una mano que por otra. Un toro derechoso; por la izquierda se rebotaba un poco. El tercero sacó acompasado tranco y bondad, tanta que hasta se dejó clavar en tablas un par de banderillas al violín y al quiebro, que no todos. Banderillas de Escribano, que ya era de novillero competente rehiletero y no ha hecho más que irse soltando y ganando. El sexto, picado lo imprescindible, sacó particular alegría y en nobleza ganó a todos los compañeros de envío. Más noble que ninguno, de fijeza particular, pronto y fiable en toques, enganches y remates.
De modo que, con la excepción tan notoria del sobrero, la corrida de Miura no fue tan fiera como se pintaba. Tampoco fue de comunión diaria. Tardo y parado, reservón por tanto el primero, celoso de salida, se desinfló en banderillas; llevaba un primer puyazo duro porque se empleó muy en serio contra el caballo de pica y es probable que acusara el castigo cuando lo hizo trabajar con buenas artes e ideas Rafaelillo. El quinto, de buen arranque –salida muy codiciosa-, terminó pegando cabezazos a final de viaje: señal de falta de fuerza. Salvo el sobrero de marras, ninguno de los miuras pecó de medir a los toreros –ni siquiera en banderillas- ni pegó los gaitazos tan temibles que vienen con el precio. Bramar sí que bramó alguno. Pero poquito.
Barquerito 

Foto: Arjona para Aplausos

martes, abril 02, 2013

Sobre la corrida de Victorino en Arles

LOS TRES PRIMEROS victorinos fueron como tres gotas de agua. Más el escaparate que el fondo. Rondaron los 530 kilos, entrepelados los tres, bien puestos. Playero el primero, no tanto el segundo, hocico de rata el tercero. Degollados los tres. Si no hubiera sido como fue un mano a mano, o corrida de solo dos matadores, se habrían abierto en lotes distintos.
Los tres toros de la segunda parte dieron más volumen, más caja, más kilos. Quinto y sexto desigualaron una corrida bastante más pareja de lo que es costumbre en casa de Victorino. (...). El piso de plaza, castigado por una matinal de rejones, se había remullido y barrido tanto que para el impulso de los toros –especialmente los dos últimos- no dejó de ser una trampa de arena y en ella perdieron las manos unas cuantas veces.
Bien pegada en el caballo, la corrida no sangró  en exceso. Hubo toros peleones y revoltosos, como cuarto y quinto; con temple y ganas de embestir por abajo, como segundo y tercero; uno de mutante carácter, como el primero, que quiso a ratos y al final echó el cerrojo; y un último de corrida y feria, llamado Madrugador, que parecía apalancado en tierra ya gastada pero acabó viniendo a la voz y hasta los vuelos. Pero muy a última hora.
Barquerito

Fernando Robleño, que vistió el mismo terno grana y oro de su épica encerrona en Ceret. A su primero le faltó transmisión; con el azaroso quinto se la jugó a carta cabal -no en vano, resultó prendido pudiendo zafarse de la cornada de milagro-; y estuvo sensacional con el tercero, un animal que rompió a bueno tras "hacerlo" a base de oficio, alargándole las embestidas.
 El otro espada que completaba cartel, y que tampoco anda escaso de valor ni pundonor, era Javier Castaño. El salmantino ha tenido una tarde de menos a más: algo frío y desconfiado con su primero -el mejor Victorino de la tarde, que tomó cuatro puyazos-, hasta firmar una impecable faena, de coraje y oficio, al sexto. Tal vez la actuación que más me gustó fue su emocionante lidia al cuarto, dejándose llegar al toro de lejos, dándole todas las ventajas. Es de agradecer la manera en que Castaño enseña su lote, desde que se abre de capa hasta la estocada final.
Gloria Sánchez Grande 

Foto: Aplausos

lunes, abril 01, 2013

Sobre el toro "Lagarto" de Cebada Gago lidiado ayer en Arles (Barquerito)

Un hito: la vuelta al ruedo en el arrastre para un toro Lagarto, tercero de corrida, sardo de pinta, cuajado, de ancha corona y finas palas, bizquito. Un Lagarto que se comió un caballo de pica en cuanto lo tuvo a la vista: tres veces por derecho, en ataques no tanto al galope como desatados, y recargando sin dolerse al castigo. No todos los puyazos del picador arlesiano Gabin Rehabi fueron igual de certeros, pero todos fueron de piquero valeroso. Brazo de hierro, pundonor.
Marco Leal, matador en turno, sintió el clamor de la gente, supo atenderlo y decidió que el toro tomara una cuarta vara en la contraquerencia, donde se pican los toros de las corridas concurso de Arles, tan célebres. Acudió el toro rampante sin cansarse de pelear. Lo curioso es que después de la tercera vara, y suelto porque nadie lo llamaba, el toro estuvo a punto de saltar la barrera y se quedó colgado de ella un rato.
Un toro particular: bufidos escalofriantes, ataques en la muleta más ásperos que elásticos, un par de oleadas descompuestas y una gana irrenunciable de pelea. Toro de público y de ganadero, por tanto. No se asustó el joven Marco Leal, penúltimo vástago de una larguísima dinastía de toreros del país. Tampoco pudo recrearse. No era toro de hacerle versos ni encaje de blonda. Lo mató por arriba con mucha verdad. Pasó el tiempo, un aviso, un descabello. No dejaron a Marco dar la vuelta al ruedo.
La fiereza de ese tercer cebada no fue exagerada, pero fue. 
Barquerito (diario Hoy de Extremadura) 

miércoles, marzo 13, 2013

Sobre la corrida de Adolfo Martín en Valencia (Barquerito)

LAS HECHURAS DE LA corrida de Adolfo Martín fueron impecables. Cinqueños los seis toros del reparto; dos de ellos, tercero y quinto, a punto de cumplir el tope reglamentario de los seis años; tres llevaban el mismo nombre, Aviador, pero, siendo de reata común, salieron de condición tan diversa que ni siquiera el nombre fue pista fiable esta vez. Seriamente armados, astifinos los seis y de muy finos cabos y cañas también. Cárdenos o negros entrepelados, la pinta clásica de la procedencia Saltillo vía Albaserrada. Unos más altos, otros más largos, ofensivos sin excepción, los toros de Adolfo pusieron, más por las formas que por el fondo, alto el listón del tramo torista del abono de Fallas, bautizado como “feria de encastes”.
Uno de los seis, el primero de los tres Aviadores, tercero de corrida fue toro de particular categoría. Bajo de agujas, ligero, 521 kilos, el más liviano de todos, cárdeno claro, tuvo por seña peculiar la de lucir cresta negra en la penca del rabo. Galopó como solo pueden hacerlo los toros cortos de manos y tomó engaño descolgado y humillado en largos viajes. Como era toro bien abierto de cuerna –caídas las palas acapachadas-, ese modo de descolgar y humillar se hizo más que patente. Fue, encima, toro muy pronto y elástico. La gracia de la bravura.
Un primer puyazo tomado demasiado en corto –se encontró el toro al caballo encima- y un segundo al que acudió alegre para meter los riñones y apretar como los elegidos. Picó con acierto Ángel Rivas, sangró bien el toro, quitó Ferrera con lances limpios y replicó David Esteve sin brillo. Era el toro de Esteve, que hace un año y en Fallas tuvo la fortuna de llevarse del sorteo otro toro de Adolfo de extraordinario y todavía más serio que éste.
Esta faena de ahora no tuvo la emoción de aquella otra. Y no porque no la pusiera el toro, que quiso por la mano derecha con soberbio estilo y llamativa nobleza y sólo tuvo el pero de avisarse un poco al enganchar tela por la mano izquierda. No dejó de querer por ninguno de los dos pitones. Esteve, que no torea apenas, hizo de tripas de corazón. No es que fuera un trágala –tan claro era el toro con toda su gracia- pero no era fácil ni estar ni acomodarse. No pegó el torero tirones, acompañó mal que bien los viajes, esperó las repeticiones sin enmendarse. Pero no se templó. Los paisanos de Rafelbunyol, pueblo límite de la Huerta norte, pidieron música y, si llega a entrar la espada a la primera y bien, piden la oreja. Porque parecían mayoría. Un pinchazo, una estocada defectuosa soltando el engaño y un descabello. Vuelta al ruedo. Gran ovación en el arrastre para el toro. No hubiera estado de más la vuelta al ruedo.
Barquerito (Aquí la crónica completa

Foto: Rullot para Aplausos

lunes, marzo 11, 2013

"Comino" de Cuadri y la faena de Luis Bolivar vistos por Barquerito


El último de los cuadris, sexto de festejo, tomó engaño de salida por los vuelos y por abajo, con alegría, se arrancó al galope a la primera vara y a la segunda también, cortó en banderillas –uno de los sellos de marca del toro tipo de los Cuadri- y se empleó en la muleta con rigor, ritmo, entrega, generosidad y encastada nobleza. Por la mano izquierda el toro tuvo particular buen son. El brío por la derecha tuvo su punto turbulento. Tal vez sangró en varas el toro menos de lo debido.
Estuvo muy bravo Luis Bolívar: fino con el capote –lances ajustados hasta la boca de riego después del alarde de una larga cambiada de rodillas en tablas- y puesto y templado con la muleta. De rayas afuera, sin siquiera tanteos, una faena firme y precisa, ni corta ni larga, segura pero no descarada, cumbre en  dos tandas con la mano izquierda de particular sosiego y gran ajuste. La prontitud del toro, la constancia de sus ataques, su manera de humillar y repetir, todo eso fue festín para el torero de Cali, que acertó con la espada al primer ataque pero para cobrar estocada caída. Se pidió tímidamente el indulto del toro –vuelta merecida en el arrastre- y se pidió también una segunda oreja de premio. Gran toro. Se llamaba Comino. Más en Santa Coloma que en Urcola. Largo y estrecho. Palas cenicientas, pitones negros, recogido de cuerna. Bello de verdad. El mejor de la feria.
Barquerito (Aquí la crónica completa

Foto 1: Alberto de Jesús

Foto2: Blog de la Unión de Abonados y Aficionados de Castellón

Nota añadida: les enlazo a un vídeo de esta faena

jueves, octubre 11, 2012

Escribe Barquerito

No vale, por tanto, defender la bandera del toreo como patrimonio inmaterial de culturas tradicionales cuando el toreo es víctima de amenazas de abolición, si no se atiende antes al fondo primero de la cuestión. La cuestión es el toro de lidia y su diversidad biológica
(...)
A diferencia del toreo, el toro es patrimonio material y no inmaterial. No se se trata de protegerlo como bien cultural sino de ampararlo como ejemplo de diversidad biológica. Es de hoy
Barquerito en el número 1828 de Aplausos 
Foto: José Porcar 

jueves, septiembre 13, 2012

Sobre "Cencerrillo" un toro de Cebada Gago al que se le premió con la vuelta al ruedo en Bayona

A raíz de mi último post destacando el premio de vuelta al ruedo a un toro de Puerto de San Lorenzo en Salamanca,  me recuerdan que no subimos nada referente a la corrida de Cebada en Bayona y al toro "Cencerrito" premiado también con una vuelta al ruedo.
Me  mandan este texto de Barquerito:
Dentro de la dispar corrida que Cebada gago lidió en Bayona(...) saltaron dos toros de de ejemplar armonía. Un "Peluquero" (...) y un "Cencerrillo" entrepelado, número 33, 463 kilos. Cortos de manos, bajos de agujas , con ese aire un punto felino que tienen en Cebada los toros de cruza predominante de sangre Nuñez. Es esa sangre la que confiere velocidad. La invención de la pólvora: nada que no se sepa. 
Y, sin embargo, cuando la velocidad se convierte en temple, de la misma manera que la armonía en trapío, aparece impecable, nítida, la imagen de la bravura como una idea cristalizada. Esos dos toros de Bayona fueron bravos sin mácula: prontos, fijos, codiciosos, elásticos, nobles. (...)
Hay toros que de salida chisporrotean como el fuego de brasa y ese Cencerrillo, tan vivo, se arrancó por su cuenta al caballo de pica. Montaba y picaba Romualdo Almodóvar. Tomó en regla el toro dos puyazos más, y el tercero, que tantas cosas revela, fue  de bravo. Galopó el toro"
Foto: Aplausos
Nota : La corrida se celebró el 1 de septiembre, en el cartel Javier Castaño, Lescarret y Saldivar