Barquerito
Fotos: Andrew Moore
Cinco novillos de Prieto de la Cal y un sobrero -4º- de Toros de Mollalta. Tercero y sexto dieron juego. Al ataque los dos. Manejable pero acostándose demasiado el segundo. De pobre nota los otros dos.
Solo el sexto sacó la pinta jabonera antigua y clásica: capa dorada y lustrosa, impecable, cegadora, muy hermosa, como cepillada. Astifino, armado por delante, guerrero, de mucha movilidad fue para el ganadero el de mejor nota: el más poderoso(...)
un tercero de festejo, colorado, muy bien hecho, que remató de salida, atacó mucho y, sin llegar a romper, se empleó.
Son odiosas las comparaciones, pero la cosa se prestó: habría que haber visto esos dos toros en manos de los dos novilleros rodados de esta baza.Barquerito- Colpisa-
BarqueritoLos miuras de son fueron toros de diversa fortuna: el cuarto, no el de más peso pero sí el de más cuajo de todos, remató de salida con estilo sobresaliente, pero, al ser cerrado a destiempo, se estrelló contra un burladero, el de capotes, y se tronchó el cuerno izquierdo por mitad de la pala. Lo devolvieron sin demora. Sensación segura de que el toro era de excelente reata. Por la manera de galopar, por las hechuras, hasta por el aire con que volvió a corrales. Acudió a un toque de capote entre barreras y lo tomó largo. Al limbo el toro.Los otros tres de nota fueron distintos, pero tuvieron en común la prontitud, la viveza y la entrega. Cárdenos, como toda la corrida entera, incluido el reserva, que salió, por cierto, rana: perverso, geniudo, listo, violento y la defensiva. Una prenda. El segundo se descaró de salida nervioso y buscando caras por el tendido –señal tan propia de Miura-, no remató en el caballo, galopó en banderillas y quiso mejor por una mano que por otra. Un toro derechoso; por la izquierda se rebotaba un poco. El tercero sacó acompasado tranco y bondad, tanta que hasta se dejó clavar en tablas un par de banderillas al violín y al quiebro, que no todos. Banderillas de Escribano, que ya era de novillero competente rehiletero y no ha hecho más que irse soltando y ganando. El sexto, picado lo imprescindible, sacó particular alegría y en nobleza ganó a todos los compañeros de envío. Más noble que ninguno, de fijeza particular, pronto y fiable en toques, enganches y remates.De modo que, con la excepción tan notoria del sobrero, la corrida de Miura no fue tan fiera como se pintaba. Tampoco fue de comunión diaria. Tardo y parado, reservón por tanto el primero, celoso de salida, se desinfló en banderillas; llevaba un primer puyazo duro porque se empleó muy en serio contra el caballo de pica y es probable que acusara el castigo cuando lo hizo trabajar con buenas artes e ideas Rafaelillo. El quinto, de buen arranque –salida muy codiciosa-, terminó pegando cabezazos a final de viaje: señal de falta de fuerza. Salvo el sobrero de marras, ninguno de los miuras pecó de medir a los toreros –ni siquiera en banderillas- ni pegó los gaitazos tan temibles que vienen con el precio. Bramar sí que bramó alguno. Pero poquito.
BarqueritoLOS TRES PRIMEROS victorinos fueron como tres gotas de agua. Más el escaparate que el fondo. Rondaron los 530 kilos, entrepelados los tres, bien puestos. Playero el primero, no tanto el segundo, hocico de rata el tercero. Degollados los tres. Si no hubiera sido como fue un mano a mano, o corrida de solo dos matadores, se habrían abierto en lotes distintos.Los tres toros de la segunda parte dieron más volumen, más caja, más kilos. Quinto y sexto desigualaron una corrida bastante más pareja de lo que es costumbre en casa de Victorino. (...). El piso de plaza, castigado por una matinal de rejones, se había remullido y barrido tanto que para el impulso de los toros –especialmente los dos últimos- no dejó de ser una trampa de arena y en ella perdieron las manos unas cuantas veces.Bien pegada en el caballo, la corrida no sangró en exceso. Hubo toros peleones y revoltosos, como cuarto y quinto; con temple y ganas de embestir por abajo, como segundo y tercero; uno de mutante carácter, como el primero, que quiso a ratos y al final echó el cerrojo; y un último de corrida y feria, llamado Madrugador, que parecía apalancado en tierra ya gastada pero acabó viniendo a la voz y hasta los vuelos. Pero muy a última hora.
Fernando Robleño, que vistió el mismo terno grana y oro de su épica encerrona en Ceret. A su primero le faltó transmisión; con el azaroso quinto se la jugó a carta cabal -no en vano, resultó prendido pudiendo zafarse de la cornada de milagro-; y estuvo sensacional con el tercero, un animal que rompió a bueno tras "hacerlo" a base de oficio, alargándole las embestidas.
El otro espada que completaba cartel, y que tampoco anda escaso de valor ni pundonor, era Javier Castaño. El salmantino ha tenido una tarde de menos a más: algo frío y desconfiado con su primero -el mejor Victorino de la tarde, que tomó cuatro puyazos-, hasta firmar una impecable faena, de coraje y oficio, al sexto. Tal vez la actuación que más me gustó fue su emocionante lidia al cuarto, dejándose llegar al toro de lejos, dándole todas las ventajas. Es de agradecer la manera en que Castaño enseña su lote, desde que se abre de capa hasta la estocada final.Gloria Sánchez Grande
Barquerito (diario Hoy de Extremadura)Un hito: la vuelta al ruedo en el arrastre para un toro Lagarto, tercero de corrida, sardo de pinta, cuajado, de ancha corona y finas palas, bizquito. Un Lagarto que se comió un caballo de pica en cuanto lo tuvo a la vista: tres veces por derecho, en ataques no tanto al galope como desatados, y recargando sin dolerse al castigo. No todos los puyazos del picador arlesiano Gabin Rehabi fueron igual de certeros, pero todos fueron de piquero valeroso. Brazo de hierro, pundonor.Marco Leal, matador en turno, sintió el clamor de la gente, supo atenderlo y decidió que el toro tomara una cuarta vara en la contraquerencia, donde se pican los toros de las corridas concurso de Arles, tan célebres. Acudió el toro rampante sin cansarse de pelear. Lo curioso es que después de la tercera vara, y suelto porque nadie lo llamaba, el toro estuvo a punto de saltar la barrera y se quedó colgado de ella un rato.Un toro particular: bufidos escalofriantes, ataques en la muleta más ásperos que elásticos, un par de oleadas descompuestas y una gana irrenunciable de pelea. Toro de público y de ganadero, por tanto. No se asustó el joven Marco Leal, penúltimo vástago de una larguísima dinastía de toreros del país. Tampoco pudo recrearse. No era toro de hacerle versos ni encaje de blonda. Lo mató por arriba con mucha verdad. Pasó el tiempo, un aviso, un descabello. No dejaron a Marco dar la vuelta al ruedo.La fiereza de ese tercer cebada no fue exagerada, pero fue.
Barquerito (Aquí la crónica completa)LAS HECHURAS DE LA corrida de Adolfo Martín fueron impecables. Cinqueños los seis toros del reparto; dos de ellos, tercero y quinto, a punto de cumplir el tope reglamentario de los seis años; tres llevaban el mismo nombre, Aviador, pero, siendo de reata común, salieron de condición tan diversa que ni siquiera el nombre fue pista fiable esta vez. Seriamente armados, astifinos los seis y de muy finos cabos y cañas también. Cárdenos o negros entrepelados, la pinta clásica de la procedencia Saltillo vía Albaserrada. Unos más altos, otros más largos, ofensivos sin excepción, los toros de Adolfo pusieron, más por las formas que por el fondo, alto el listón del tramo torista del abono de Fallas, bautizado como “feria de encastes”.Uno de los seis, el primero de los tres Aviadores, tercero de corrida fue toro de particular categoría. Bajo de agujas, ligero, 521 kilos, el más liviano de todos, cárdeno claro, tuvo por seña peculiar la de lucir cresta negra en la penca del rabo. Galopó como solo pueden hacerlo los toros cortos de manos y tomó engaño descolgado y humillado en largos viajes. Como era toro bien abierto de cuerna –caídas las palas acapachadas-, ese modo de descolgar y humillar se hizo más que patente. Fue, encima, toro muy pronto y elástico. La gracia de la bravura.Un primer puyazo tomado demasiado en corto –se encontró el toro al caballo encima- y un segundo al que acudió alegre para meter los riñones y apretar como los elegidos. Picó con acierto Ángel Rivas, sangró bien el toro, quitó Ferrera con lances limpios y replicó David Esteve sin brillo. Era el toro de Esteve, que hace un año y en Fallas tuvo la fortuna de llevarse del sorteo otro toro de Adolfo de extraordinario y todavía más serio que éste.Esta faena de ahora no tuvo la emoción de aquella otra. Y no porque no la pusiera el toro, que quiso por la mano derecha con soberbio estilo y llamativa nobleza y sólo tuvo el pero de avisarse un poco al enganchar tela por la mano izquierda. No dejó de querer por ninguno de los dos pitones. Esteve, que no torea apenas, hizo de tripas de corazón. No es que fuera un trágala –tan claro era el toro con toda su gracia- pero no era fácil ni estar ni acomodarse. No pegó el torero tirones, acompañó mal que bien los viajes, esperó las repeticiones sin enmendarse. Pero no se templó. Los paisanos de Rafelbunyol, pueblo límite de la Huerta norte, pidieron música y, si llega a entrar la espada a la primera y bien, piden la oreja. Porque parecían mayoría. Un pinchazo, una estocada defectuosa soltando el engaño y un descabello. Vuelta al ruedo. Gran ovación en el arrastre para el toro. No hubiera estado de más la vuelta al ruedo.
Barquerito (Aquí la crónica completa )El último de los cuadris, sexto de festejo, tomó engaño de salida por los vuelos y por abajo, con alegría, se arrancó al galope a la primera vara y a la segunda también, cortó en banderillas –uno de los sellos de marca del toro tipo de los Cuadri- y se empleó en la muleta con rigor, ritmo, entrega, generosidad y encastada nobleza. Por la mano izquierda el toro tuvo particular buen son. El brío por la derecha tuvo su punto turbulento. Tal vez sangró en varas el toro menos de lo debido.Estuvo muy bravo Luis Bolívar: fino con el capote –lances ajustados hasta la boca de riego después del alarde de una larga cambiada de rodillas en tablas- y puesto y templado con la muleta. De rayas afuera, sin siquiera tanteos, una faena firme y precisa, ni corta ni larga, segura pero no descarada, cumbre en dos tandas con la mano izquierda de particular sosiego y gran ajuste. La prontitud del toro, la constancia de sus ataques, su manera de humillar y repetir, todo eso fue festín para el torero de Cali, que acertó con la espada al primer ataque pero para cobrar estocada caída. Se pidió tímidamente el indulto del toro –vuelta merecida en el arrastre- y se pidió también una segunda oreja de premio. Gran toro. Se llamaba Comino. Más en Santa Coloma que en Urcola. Largo y estrecho. Palas cenicientas, pitones negros, recogido de cuerna. Bello de verdad. El mejor de la feria.
No vale, por tanto, defender la bandera del toreo como patrimonio inmaterial de culturas tradicionales cuando el toreo es víctima de amenazas de abolición, si no se atiende antes al fondo primero de la cuestión. La cuestión es el toro de lidia y su diversidad biológica
(...)
A diferencia del toreo, el toro es patrimonio material y no inmaterial. No se se trata de protegerlo como bien cultural sino de ampararlo como ejemplo de diversidad biológica. Es de hoyBarquerito en el número 1828 de Aplausos
Dentro de la dispar corrida que Cebada gago lidió en Bayona(...) saltaron dos toros de de ejemplar armonía. Un "Peluquero" (...) y un "Cencerrillo" entrepelado, número 33, 463 kilos. Cortos de manos, bajos de agujas , con ese aire un punto felino que tienen en Cebada los toros de cruza predominante de sangre Nuñez. Es esa sangre la que confiere velocidad. La invención de la pólvora: nada que no se sepa.
Y, sin embargo, cuando la velocidad se convierte en temple, de la misma manera que la armonía en trapío, aparece impecable, nítida, la imagen de la bravura como una idea cristalizada. Esos dos toros de Bayona fueron bravos sin mácula: prontos, fijos, codiciosos, elásticos, nobles. (...)
Hay toros que de salida chisporrotean como el fuego de brasa y ese Cencerrillo, tan vivo, se arrancó por su cuenta al caballo de pica. Montaba y picaba Romualdo Almodóvar. Tomó en regla el toro dos puyazos más, y el tercero, que tantas cosas revela, fue de bravo. Galopó el toro"Foto: Aplausos