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miércoles, febrero 11, 2015

Así están las cosas


Actualmente, el mundo del toro se encuentra en una situación similar a la de los visigodos del siglo VI o la de los musulmanes del siglo XII: fragmentado entre sus distintos reinos -toreros por un lado, empresas por el otro y ganaderos en el arrastre- se muestra más endeble que nunca. Lo peor es que carece del apoyo del pueblo llano que, harto de tantos conflictos, abandona poco a poco la Fiesta de la élite para refugiarse en los festejos populares, germen de todo. El divorcio parece consumado: la fiesta “de montera” desprecia a la “de talanqueras”, mientras que ésta contempla sin compasión la decadencia de la primera. La Fiesta urbanita va camino de la ruina al mismo tiempo que la del pueblo llano se arraiga en sus fueros históricos, donde acude más gente que nunca. La manifestación organizada en Madrid para apoyar a Bogotá -es decir, al sistema- se saldó con una penosa debacle: muchos profesionales, pero muy pocos aficionados; lo que demuestra la fractura existente entre ambos bandos, el que sufraga la Fiesta y el que vive de ella. Días antes, la concentración convocada en Tordesillas por una peña con el finde apoyar al alcalde frente a las amenazas recibidas reunió a más de 3.000personas de forma espontánea, sin casi publicidad y sin que los medios taurinos se hicieran eco, como si aquello no existiera. No obstante, ahí se demostró que la fuerza de la Fiesta no se encuentra en las discotecas frecuentadas por la Juventud Taurina, sino en el pueblo y sus costumbres. Se demostró también la falta de visión de la élite taurina que, desde hace un par de años, ha emprendido operaciones de marketing vacías de contenido, sin darse cuenta que lo único que consigue con ellas es levantar una cortina de humo que oculta su verdadera identidad.
[…] Si las élites del sistema no recapacitan y siguen privando al público de lo que siempre ha querido ver -un hombre valiente ante un toro fiero-, el pueblo se desvinculará del modelo de feria urbanita que ahora conocemos para refugiarse en las comarcas, donde el enlace con el toro sigue siendo el mismo que durante la Edad Media. Allí la Fiesta continúa siendo un enfrentamiento espontáneo, y a veces brutal, muy alejado de las normas estéticas que van en detrimento de la autenticidad. En esta Fiesta se corre el toro más grande posible y los muchachos se ponen delante de él sin otra recompensa que el reconocimiento de su valor. Sólo así regresaremos a la esencia del mito nacido hace veinte milenios y que, durante siete siglos, se encarnó en los toros de Castilla.



jueves, enero 29, 2015

Hablan Mauricio e Iñigo Gamazo, ganaderos de Raso de Portillo

HABLAN MAURICIO E ÍÑIGO GAMAZO, GANADEROS DE RASO DE PORTILLO

Lidiamos por aquí- apunta Mauricio quien, junto a su hermano Íñigo, ha tomado el relevo de su padre-. No gusta por el motor que tiene Le ponen muchas pegas, hasta para algún Bolsín. Pero luego los toreros dicen que no sale tan duro como pensaban. No se comen a nadie: en vez de un puyazo son de tres, pero son buenos. Aceptan el castigo”. Esa fama sumió en el ostracismo a los toros del Raso durante no pocos años. “Al principio, cuando mi padre empezó a lidiar, un tratante de Madrid se llevaba todas las camadas de erales y los lidiaba por la sierra y por Toledo. Era una forma cómoda de venderlo todo y dejar contenta a la familia, porque la ganadería es de todos. Pero llegó un año en que mi padre dijo que había que hacer algo. Se empezó más en serio hace unos veinte años en Arévalo. Una novillada extraordinaria. Buenísima de dura y buenísima de embestir. Les cortaron las orejas a todos. Pero es muy decepcionante cuando, al final, te vienen los toreros y te dicen: "Durilla, ¿eh?". Además, lo nuestro no se cae y esto no tiene gracia... Pero tiene que ser así porque, si no, la Fiesta se muere de aburrimiento. Me hace mucha gracia, ahora, cuando escucho a la gente del toro quejarse de que un toro ha sido peligroso. ¿Pero qué queremos? ¿Que colabore o se pare? Pues esto ni colabora ni se para. Embisten con todo, se entregan y te piden estar a la altura. Y éste es el problema de fondo. Si la gente se aburre, esto se acaba. Esto lo tenemos por tradición familiar y por afición –resume Íñigo, el hermano de Mauricio. Ambos son economistas-.
Está claro que le tenemos que sacar rentabilidad, pero nadie nunca se lo ha planteado como un medio de vida. Si fuera el caso, lo primero sería quitar al ganado de aquí, porque los pastos son muy malos, y luego cambiar de encaste para buscar algo de Domecq, por ejemplo, que es lo que se vende mejor si te metes en el circuito de las figuras. Ahí no estuvimos nunca, salvo en la época del tío-abuelo Germán. Pero esto tiene su precio: te tienes que dedicar a hacer acciones sociales dentro del mundo del toro. Y si el toro ha desbordado al torero, ser el primero en decir que la culpa la ha tenido el animal...”.

Vía: Tierras Taurinas- Opus 30 Raza de Castilla

Foto: toro de Raso de Portillo lidiado en Orthez



miércoles, enero 21, 2015

Sobre la muerte de Pepe-Hillo


Para ese día, José Romero, Pepe-Hillo y Antonio de los Santos iban a lidiar 16 toros, ocho por la mañana y otros tantos por la tarde. Dos pertenecían a la ganadería de José Gabriel Rodríguez Sanjuán, de Peñaranda de Bracamonte y de raza castellana. “La víspera de la corrida, los toros estaban en la vaguada del Arroyo de Abroñigal, esperando ser llevados en la madrugada siguiente a los corrales de la plaza de la Puerta de Alcalá. Pepe-Hillo, que siempre había desconfiado de los toros castellanos, acudió a verlos a caballo. Uno de esos toros se acercó a él y entonces, dirigiéndose al mayoral, le dijo: «Tío Castuera, ese toro para mí». Era Barbudo, negro zaíno, y salió en séptimo lugar por la tarde”. Según José de la Tixera, autor de la “Tauromaquia o arte de torear”, dictado por Pepe-Hillo cinco años antes, Barbudo fue manso en el caballo. “Pepe-Hillo, de azul y plata, le dio dos naturales y uno de pecho. Entró a matar, muy cerca del toril, metió media estocada muy superficial y contraria, haciendo el toro por él y le alcanzó en el muslo izquierdo, le corneó en el estómago, campaneándolo horriblemente de pitón a pitón durante varios segundos. El picador Juan López, sin caballo y sólo con la vara, intentó hacerle el quite pero fue inútil. Pepe-Hillo murió en la enfermería 15 minutos después. José Romero mató luego al toro de 2 estocadas” […] De alguna manera, la muerte de Pepe-Hillo precipitó la desaparición de los toros de Castilla. 

Tierras Taurinas - Opus 30 "Raza de Castilla"

viernes, enero 09, 2015

Sobre los toros de Castilla



EDITORIAL

Una vez concluida la Reconquista, España tuvo que ofrecerle a su nobleza guerrera un campo de batalla donde hacer méritos. En la liza de los torneos, después de compartir espacio con los juegos de cañas, el toro se impuso como referente incuestionable de la bravura y la hombría de aquellos que intentaban lucirse ante el poder establecido y el pueblo. A lo largo de la Edad Media, este toro pastaba en los campos de Castilla y encontramos su origen en los grabados de Siega Verde. Con el tiempo, llamaron a este toro “raza morucha”, término que hacía referencia a su capacidad de embestir con el “morro”, a diferencia de los que atropellaban sin humillar. Los toros de Castilla tuvieron su periodo de esplendor durante todo el Renacimiento gracias a no pocos ganaderos, hoy olvidados, que han dejado su huella, tanto por Salamanca como por Zamora y los rasos de Portillo. La orografía de Castilla explica que no pasaran de la Cordillera Central para llegar, por ejemplo, hasta la región colmenareña. Hasta allí subió, desde Toledo y La Mancha, la raza de los Toros de la Tierra, famosa en los siglos XVIII y XIX, antes de ser desahuciada por los encastes andaluces.

¿Qué fue de la raza de Castilla cuando los toreros decidieron dejarla progresivamente de lado tras la muerte de Pepe-Hillo? Desapareció de los ruedos, pero siguió existiendo, hasta no hace mucho tiempo, en las capeas y los encierros de la zona, antes de ser cruzada, y más o menos absorbida, por otras razas cárnicas de mayor rendimiento.


Foto vía: Por el pitón derecho

martes, diciembre 30, 2014

El nuevo número de Tierras Taurinas, " Raza de Castilla", ya a la venta

En los rasos de Portillo se encuentran los últimos descendientes de la Raza de Castilla que, durante toda la Edad Media y hasta principios del siglo XIX, conoció una etapa de esplendor. Los antepasados de aquellos toros aparecen en el capitel de Toro del siglo XIII y en el alfarje del claustro de Santo Domingo de Silos del XIV.

También dejaron rastro en los archivos de Zamora y en los de la Corte, cuando ésta se instaló en Valladolid. Un emperador los alanceó, inspiraron todos los festejos populares que todavía apasionan en los pueblos de Castilla y fueron el terror de los toreros decimonónicos.

En los rasos de Portillo, sus últimos descendientes, aun estando muy cruzados, simbolizan la parte visible de un continente desaparecido. El más famoso, y el último cuyo nombre recordamos, se llamaba Barbero. Se crío en Peñaranda, mató a Pepe-Hillo en Madrid y, por eso, fue, a la larga, el verdugo de su propia raza. ( Sigue...)


Aquí se puede ojear el nuevo número.

Monasterio de Santo Domingo de Silos S.XIV


 Capitel de la Colegiata de Toro, S. XIII
¡Un lujo!!!