Como el
aficionado francés es, generalmente, más dado a la lectura y reflexión taurina
que el español, es más fácil defender la pureza de la fiesta, rechazando formas
espúreas. La pureza del rito es lo único que puede justificar la persistencia
de la corrida de toros, por eso los intentos de mistificación o adulteración
son rechazados.
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jueves, junio 15, 2017
jueves, enero 14, 2016
¿Ha llegado la Fiesta de los toros a su final? ( François Zumbiehl )
-casi todas las críticas coinciden al observar que el espectáculo actual ha perdido buena parte de su emoción, la que despierta la combinación equilibrada de la emoción estética con la evidencia de la lidia y del peligro.
-Puede ser en algunos aspectos que se toree mejor que ayer, pero en la mayoría de los casos al mismo tipo de toro, el toro « bravito », casi nunca del todo malo (el « manso de solemnidad » es una verdadera rareza hoy en día), pero en el que se juntan pocas veces la bravura y la casta ; en resumidas cuentas un toro « que sirve » en la medida en que sus fuerzas se lo permitan, pero « transmite » a penas. Me parece que esto se debe en gran parte al estatuto de los ganaderos que, salvo una decena de ellos, ha bajado notablemente en la Fiesta y en la sociedad si comparamos con su situación en el siglo anterior.
En sus criterios de selección deben más que nunca plegarse a las exigencias de las figuras y de la gran masa del público. Cuando no se ven obligados a practicar dumping para vender sus animales, la rentabilidad es para ellos una preocupación acuciante.
- De ahí las muy indecorosas fundas para proteger los pitones y para evitar las bajas debidas a las riñas de los toros en el campo. Tal vez sea principalmente una cuestión de imagen, pero es que ésta resulta muy negativa.
Acrecienta y evidencia la manipulación de las reses bravas, y las aleja de su componente de animales libres, salvajes e intocados.
-Por otra parte el espectáculo de la corrida se ha reducido bastante. De los tres tercios establecidos en tiempos de Paquiro el único que mide el éxito y las orejas es el último, con la faena de muleta más que con la estocada. Los dos anteriores vienen a ser para muchos una formalidad.
-¿qué porvenir espera la corrida si los aficionados ya no perciben o no asumen el significado profundo de ese ritual, que viene a ser la puesta en escena del enfrentamiento entre la condición temible de un animal indómito y la inteligencia de un hombre, demostrada en particular por la gracia de su arte ?
-Otro inconveniente para entender esta fiesta : el hecho de que está basada en la intromisión en la ciudad de las realidades del campo, empezando por el toro y, más allá, por esta necesidad de criar animales y luego matarles para el beneficio humano. Los ciudadanos, sobre todo los jóvenes, saben poco de estas realidades cuando van a comprar en el supermercado su trocito de carne como si se tratara de cualquier producto manufacturado, olvidando que éste resulta de una matanza oculta.
lunes, marzo 24, 2014
Sobre unas palabras de Gerardo Ortega en Tierras Taurinas
"Estamos locos: todo el mundo echando herbicidas en los cercados para quitar la hierba. Pero queda el herbicida. No puede ser. Te quieren obligar a tenerlos en un cercado pequeño, estabulado , para que se pongan gordos. Y así los ves, metidos en el fango en una cerca de una hectárea. No hacen más que comer. Se parecen a los cebaderos de mansos. Por eso han inventado los gimnasios...corren hasta a los erales. Sólo falta enseñarles a hacer pesas. Y que no falten anabolizantes y demás inventos...Si les mandan mear antes de subir a la pasarela, habría sorpresas(...)
El ganado manso, al no ser autóctono, no ataca al monte. (...) El bravo si que ayuda a la limpieza del monte y, en cuanto a un árbol le quitas toda la maleza, le das más vida.(..)
Pero mira, Este año no hay hierba en ningún lado, pero yo tengo bellotas. Y has visto el cuajo que tienen los utreros, y no han olido ni un kilo de pienso desde que los herré, hace año y medio. Están en una cerca de 130 hectáreas para 30. Y los ves comiendo aceitunas, bellota o monte en la otra punta. Continuamente están andando."
Gerardo Ortega en el último Tierras Taurinas , "Viaje a la Sierra de Aracena"
Nota: Me viene a la memoria estas lineas de François Zumbiehl en abc "¿Toro bravo o animal de granja?"
hay que marcar una clara diferencia entre los ganaderos que buscan ante todo el negocio y los que tratan de mantener hasta el límite de lo posible la tradición ganadera en toda su autenticidad.
¿Por qué no pensar en distinguir a estos últimos ganaderos, si cumplen con los requisitos marcados por la autoridad en concertación con los profesionales, con una señal comercial comparable, en el campo de la agricultura y de la viña, a la «denominación de origen» o a los «productos biológicos», algo como «ganadería dedicada a la cría ancestral del toro bravo»? Claro está, tal denominación deberá ser tomada en cuenta por los empresarios y por el público, comunicada a las autoridades europeas para conseguir dentro de lo posible dispensas en las innumerables obligaciones sanitarias, y, desde luego, corresponder a un precio mínimo obligatorio, a convenir, para la compra de dicho ganado.
Foto: Gerardo Ortega
El ganado manso, al no ser autóctono, no ataca al monte. (...) El bravo si que ayuda a la limpieza del monte y, en cuanto a un árbol le quitas toda la maleza, le das más vida.(..)
Pero mira, Este año no hay hierba en ningún lado, pero yo tengo bellotas. Y has visto el cuajo que tienen los utreros, y no han olido ni un kilo de pienso desde que los herré, hace año y medio. Están en una cerca de 130 hectáreas para 30. Y los ves comiendo aceitunas, bellota o monte en la otra punta. Continuamente están andando."
Gerardo Ortega en el último Tierras Taurinas , "Viaje a la Sierra de Aracena"
Nota: Me viene a la memoria estas lineas de François Zumbiehl en abc "¿Toro bravo o animal de granja?"
hay que marcar una clara diferencia entre los ganaderos que buscan ante todo el negocio y los que tratan de mantener hasta el límite de lo posible la tradición ganadera en toda su autenticidad.
¿Por qué no pensar en distinguir a estos últimos ganaderos, si cumplen con los requisitos marcados por la autoridad en concertación con los profesionales, con una señal comercial comparable, en el campo de la agricultura y de la viña, a la «denominación de origen» o a los «productos biológicos», algo como «ganadería dedicada a la cría ancestral del toro bravo»? Claro está, tal denominación deberá ser tomada en cuenta por los empresarios y por el público, comunicada a las autoridades europeas para conseguir dentro de lo posible dispensas en las innumerables obligaciones sanitarias, y, desde luego, corresponder a un precio mínimo obligatorio, a convenir, para la compra de dicho ganado.
Foto: Gerardo Ortega
domingo, diciembre 16, 2012
¿Toro bravo o animal de granja? (François Zumbiehl)
En el argumentario presentado para la inscripción de la corrida en la lista del patrimonio cultural inmaterial de Francia, el tema ecológico ha tenido un impacto importante. Se ha insistido en el hecho de que el toro bravo vive en libertad durante cuatro años, bajo una mínima vigilancia del hombre, en espacios extensivos que preservan la fauna y la flor salvajes, que él mismo es un compendio casi perfecto de la alianza entre naturaleza y cultura, y que la Fiesta está basada en el respeto y el mantenimiento a toda costa de su condición de animal bravo, es decir de origen salvaje.
Pues bien, viendo los resultados de la última temporada, donde en demasiadas ocasiones los toros de las figuras, en el mejor de los casos, «se dejan», uno se pregunta dónde va a parar la pérdida de casta. Uno se pregunta además si las condiciones de cría de este ganado corresponden a lo que ha sido mencionado en la ficha francesa, o si ya se trata de una presentación idílica de la realidad, salvo muy honrosas excepciones.
Es obvio que cada vez más vivimos en una sociedad donde impera la rentabilidad, donde también la apariencia a los ojos del consumidor prima sobre el fondo. Como los melocotones con sus colores relucientes, los toros tienen que impresionar por su tamaño, su peso – lo que descarta muchos encastes antiguos - y sus pitones astifinos. Luego vienela incógnita del sabor para los unos, y de la casta para los otros. La rentabilidad se impone asimismo al espectador y al torero, por lo menos al que se encuentra en condiciones de hacer prevalecer su criterio, y eso exige que el toro colabore inmediatamente, que no ofrezca casi resistencia, que no haga perder tiempo con los tanteos de la lidia, y que permita el número suficiente de pases como para cortar orejas, lo cual da fe al público-consumidor que no ha perdido el dinero de la entrada.
La rentabilidad también se impone al final a muchos ganaderos y les lleva a reservar para su ganado cercados cada vez más reducidos, ahorrando de esta manera espacios para actividades más productivas que el pasto, y por supuesto a colocar fundas a los toros para que no se estropeen los pitones y no se pierdan animales por ser heridos o muertos en las peleas del campo.
¿Cuál es el resultado de todas estas manipulaciones, que se juntan con las que imponen los reglamentos sanitarios exigidos por Europa, y con las que sirven para fortalecer las patas de los animales debilitados por no tener ya la posibilidad de recorrer a su aire amplios espacios? Pues que el toro bravo, por su imagen – ¡nada más feo y contraproducente para el significado de la Fiesta y su valor ecológico que ver a estos animales enfundados y acorralados! –, por su convivencia acentuada con el hombre y me temo que por su comportamiento, está cada vez más cerca del animal de granja que del animal salvaje.
Si de verdad queremos preservar el equilibrio fundamental de la tauromaquia y defender la idea que constituye, más allá de las consideraciones económicas, un auténtico patrimonio cultural, todos tenemos nuestra responsabilidad. Los toreros tienen que considerar el medio y no sólo el corto plazo en sus exigencias en cuanto al ganado.¿Vale la pena acumular tantas tardes grises con toros descafeinados, sobre todo cuando uno es torero de poder y podría triunfar clamorosamente con animales más encastados? A los aficionados conviene aprender o reaprender a asumir las incertidumbres inherentes a la Fiesta, saber aplaudir a los toreros que lidian de forma decorosa incluso cuando el toro no les permite estar lucidos.
Tienen que aceptar también que los pitones estén a veces astillados o ligeramente estropeados precisamente porque están intactos y porque estos defectos se deben únicamente - ¡no seamos mal pensados! - a las vicisitudes naturales del campo. ¡Un cuerno astifino puede ser tan artificial como las uñas largas y puntiagudas de algunas señoras!
Pero la responsabilidad mayor incumbe sin lugar a dudas a los ganaderos. Merecen el respeto de los otros profesionales, de los aficionados, y la protección al mismo tiempo que la vigilancia de las autoridades autonómicas y estatales. Y ahí se me ocurre que hay que marcar una clara diferencia entre los que buscan ante todo el negocio y los que tratan de mantener hasta el límite de lo posible latradición ganadera en toda su autenticidad.
¿Por qué no pensar en distinguir a estos últimos, si cumplen con los requisitos marcados por la autoridad en concertación con los profesionales, con una señal comercial comparable, en el campo de la agricultura y de la viña, a la «denominación de origen» o a los «productos biológicos», algo como «ganadería dedicada a la cría ancestral del toro bravo»? Claro está, tal denominación deberá ser tomada en cuenta por los empresarios y por el público, comunicada a las autoridades europeas para conseguir dentro de lo posible dispensas en las innumerables obligaciones sanitarias, y, desde luego, corresponder a un precio mínimo obligatorio, a convenir, para la compra de dicho ganado. Este precio debería, en particular, integrar elporcentaje de pérdidas de animales en el campo, del mismo modo que la venta del pescado fresco – por eso es más caro que el congelado – integra el porcentaje de pescados que resultan inaptos para el consumo.
Por supuesto, estos no son más que los principios de base para preservar, como lo he dicho antes, el imprescindible equilibrio entre naturaleza y cultura, fundamento a mi modo de ver de la cría del toro bravo. Luego viene todo el trabajo de selección y de determinación de los criterios por parte del ganadero. A este respecto sueño con una Fiesta en la que el toro vuelva a ser el protagonista, con ferias en las que el empresario elija las ganaderías ateniéndose a las exigencias de los públicos y después contacte con los toreros interesados en matarlas…
Estas propuestas pueden ser tachadas de ingenuas o utópicas, molestar a algunos profesionales, bien lo sé. ¡Ojalá estimulen otras propuestas mejores aún! En los toros, como en la vida, hay que arrimarse y adelantar la pierna para tener futuro.
François Zumbiehl en abc
Nota: En este post me he saltado dos normas, la primera es la de no publicar fotos de toros con las siniestras fundas y la segunda la de no copiar un artículo completo.
Nota: En este post me he saltado dos normas, la primera es la de no publicar fotos de toros con las siniestras fundas y la segunda la de no copiar un artículo completo.
jueves, septiembre 23, 2010
Mañana toreo en Linares (François Zumbiehl)

Leo en la página de la editorial Bellaterra :
La figura de Manolete siempre me hace sentir el peso de su ausencia. Adulado por unos, sobre todo después de que su muerte trágica en el coso de Linares, en 1947, le elevara a los altares del martirologio; abroncado y vilipendiado por otros –en particular por los escribas y guardianes del templo de la corrida– Manolete, alias El Califa, todavía sigue fascinando y perturbando. Me da la impresión de que ha habido escaso interés por su persona y demasiado por lo que aparentemente encarnaba: las viejas fatalidades de la guerra civil, el héroe culto de un país exangüe, el inventor de una tauromaquia ascética y patética, a costa de algunos «trucos», según el decir de algunos…
Después de reunir datos e informaciones, me puse a la tarea, un poco temeraria, de conjeturar lo que Manolete habría podido decirnos si hubiera tenido tiempo y ganas de cruzar la barrera de su silencio. He intentado reproducir su voz, adentrarme hasta donde me ha sido posible en el misterio de su fragilidad señorial, remontarme hasta la fuente de su exigencia mortal.
F. Z.
miércoles, diciembre 16, 2009
jueves, octubre 08, 2009
Sobre los aficionados
"Las encarnizadas discusiones a la salida de una corrida, que tienen a veces aire de disputa, sobre todo cuando la cosecha ha sido buena; tienden todas al mismo fin: cada cual tiene necesidad de cercionarse sobre el contenido de su memoria inmediata confrotándola con la de sus correligionarios: ¿He visto bien? Nuestra percepción, que siempre intentamos perpetuar, ¿no nos traiciona desfigurando la realidad? Gregorio Corrochano (...) nos invita a la humildad: "El aficionado no sabe nunca si lo que recuerda corresponde a la verdad"
Foto: Juan Pelegrín
lunes, mayo 05, 2008
Pepe Luis (I) (el papa negro)
PEPE LUIS : La emoción del instante no sale en TV.
Testimonio de Joaquín Pareja-Obregón y García, conde de Prado Castellano:
"Yo tuve la satisfacción de que Pepe Luis Vázquez me brindara un toro en Sevilla el día del Corpus Christi y le cortara las dos orejas. Y existe una fotografía de ese día cuando Pepe Luis le cuelga al toro un sombrero en un pitón, en un desplante del arte que él derrochaba. Ese sombrero era el mío y que en la gran faena se lo tiré al ruedo". ("ABC", 3 septiembre 1987).
NOTA.- La corrida de referencia se celebró en la Real Maestranza el día 24 de junio de 1943, alternando los diestros Pepe Luis Vázquez, Rafael Ortega "Gallito" y Juan Mari Pérez-Tabernero, con reses de Alipio Pérez.
(...) Yo no dejaría que se televisara ninguna corrida, porque creo que no le hace ningún beneficio, sobre todo a los toreros. Es una cosa fría que quita el ambiente fuerte, y se ven los defectos de los toreros, que tenemos muchísimos. La mayoría de estos defectos, entre el toro y el ambiente de la plaza, no se ven; pero el TV se ven.
(...)Por otra parte, no es un arte para conservarlo en cinta, sino en el pensamiento, en algún rincón del corazón de un espectador sensible, que viendo una cosa que le gusta la guarda en su retina...
(...) La escritura quizá tenga más importancia. Una crónica hecha con profundidad y mesura perdura más. ... En todas las épocas ha habido críticos fabulosos, cuyas crónicas quedan para la historia del arte de torear.
(“La voz del toreo”. F. Zumbiehl.)
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