viernes, septiembre 25, 2015

Les proponemos un plan para este sábado


Ayer fuimos a comer a  Don Paco, en Caballero de Gracia 36 (Madrid), en donde tomamos la fotografía que ilustra este post.
Aprovecho para recordaros que mañana en el bonito pueblo de Ayllón  se celebrará una novillada sin picadores con erales de Prieto de la Cal para Diego Luque y Juan Antonio Pérez Pinto, El festejo empieza a las 17:30.
Ahí tienen un buen plan para el sábado.

jueves, septiembre 24, 2015

Toros de Moreno Silva en Cenicientos ( Andrew Moore)




Las fotografías corresponden a la corrida de Moreno Silva del pasado 16 de agosto.
Nota: Desde aquí damos las gracias  a Andrew por enviarnos las fotografías

¡¡¡¡No caigan en la trampa!!!!


Está hoy el personal taurino, aficionado y profesional, alterado por algo que se veía venir, el nuevo gobierno municipal de Madrid anunciaba no sólo dejaría de financiar la Escuela Taurina de Madrid, sino que también remodelaría El Batan para otros usos, sin decir cuales, pero que no incluirían el maltrato animal. Bien, logicamente todo el mundo taurino indignado por este flagrante caso de discriminación, y a su vez todos aportando ideas para soluciarno, al fin al cabo, 61.000 euros, habrían de ser pipas para el potencial económico del sector, pero claro todos sabemos de la desunión del mismo, y como siempre pues a tirarnos los trastos a la cabeza, que no digo que esto sea malo, unos que si un festival con Joselito,Fundi y Bote, que si un euro de cada entrada, y los cachondos que si que lo pague Matilla con un pagaré.

Señores, que no, bueno que sí, que está muy bien lo que dicen, pero es lo menos importante, lo que no podemos aceptar de forma tácita, por lo que hay que levantarse en armas, por lo que la Escuela Taurina de Madrid debiera hoy mismo mejor que mañana, llevar a los tribunales a Manuela Carmena para que se retracte e indemnice es por decir que allí se maltratan animales, EL TOREO NO ES MALTRATO, lo otro pipas.

miércoles, septiembre 23, 2015

PETA reclama derechos de imagen a favor de un mono que hizo un selfie


En fin, parece de locos, pero es lo que nos viene encima.

Rafael Alberti


“¿Qué verdadero niño andaluz no ha soñado alguna vez en ser torero? Daba la espalda del colegio a un gran ejido de retamas, adonde iban a pastar las vacas y torillos de mi tío José Luis de la Cuesta. A los once años de edad, y sobre todo cuando se alimentan ilusiones taurinas, se es ya todo un valiente. Íbamos unos cuantos, a la hora del latín o las matemáticas -Luis Bootello, José Antonio Benvenuti, Aranda...-, alumnos del segundo y tercero de bachillerato, dispuestos a apartar un becerrillo o lo primero que se nos arrancara. Juan Guilloto, aunque menor, nos acompañaba algunas veces; también, de cuando en cuando, se nos añadía un gitano apodado «La Negrita», algo mayor que nosotros y que contaba con nuestra admiración por haberse tirado al ruedo en una novillada y terminado en la cárcel.
(…) Llegaba el momento de separar la fiera. Pero los zagales vigilaban. Había, por lo menos, que distraerlos o eliminarlos de su custodia. Momento peligroso. Los imberbes toreros nos íbamos acercando separadamente al ganado, con los bolsillos cargados de piedras.
(…) Como señal de ataque sonaba un silbido. Y, antes que los guardianes pudieran defenderse, la pedrea diluviaba sobre sus desprevenidas cabezas, obligándoles a correr o a tirarse por tierra para no morir descalabrados y evitar de este modo la respuesta de sus hondas de pita.
(...) Cuando la corrida podía verificarse, consistía entonces en unos desordenados chaquetazos, varios revolcones con pateaduras, traducidos luego en indisimulables agujetas y negros cardenales. Aquellos golpes y magulladuras, a pesar del callado dolor que nos causaban, eran nuestro orgullo. Pensábamos en las grandes cornadas de los famosos matadores, recibidas entre un delirio de abanicos y aplausos por los ruedos inmensos. Y luego, las conversaciones ilusas, los entusiastas comentarios. En ellos figuraban con insistencia «la enfermería oscura de las plazas, el yodoformo, el paquete intestinal, la gangrena, la rotura de femoral o la muerte instantánea por choc (¡!)», palabras estas aprendidas de los revisteros taurinos, pronunciadas a veces con más terror que valentía por el misterio que encerraban aún para unos incipientes y vagos estudiantes como nosotros”.

“La arboleda perdida”, de Rafael Alberti.

Vía: Antonio Pineda

martes, septiembre 22, 2015

Sobre Alberto Aguilar

No logro entender el motivo por el que Alberto está toreando tan poco esta temporada. Lo que sé es que se le echa de menos en los ruedos.
Les dejo con las lineas que nos envió Juansintierra tras la faena de Alberto a un toro de Montealto en Las Ventas el pasado año:

A veces la memoria visual te juega malas pasadas. Viendo la faena de Alberto Aguilar creí estar viendo a Luis Francisco Esplá. Había en su faena  aromas de torería rancia. En su manera de manejar el capote, en su forma de irse o acercarse al toro. El parecido con el maestro Esplá sobrevolaba el ruedo en esa manera de acompasar el giro de la cintura con el giro del toro, con la muleta a media altura. Y es que Esplá y Aguilar no son toreros graves y profundos. Su aromático estilo está hecho de ligereza. Mas que torear, "revolotean" al rededor del toro. Son toreros sabios que saben lucir los toros y que hacen su toreo con brevedad y coherencia

lunes, septiembre 21, 2015

Blasfemia (Jean Palette-Cazajus)

Pocas cosas hay más inmorales que el voluptuoso dolorismo en que se revuelcan los animalistas. Esta manera extática  de autoproclamarse “justos entre los justos” como dicen los israelíes, buenos entre los buenos, no es señal de perfeccionamiento moral, sino de desorientación ética, de pérdida de la línea del horizonte. Entre otras poderosas razones porque el sentimiento realmente dominante en estos personajes, la sal de su indignación, es el odio feroz, despiadado, el llamamiento al crimen, contra los aficionados a los ritos táuricos.

Jean Palette-Cazajus -Aquí el artículo completo -

Foto 1: Salmonetes ya no nos quedan
Foto 2: Oscar del Pozo




viernes, septiembre 18, 2015

“La muerte del toro en el ruedo”, por Sophie Malakian Verneuil

El destello se ha clavado en el fondo de sus entrañas, el dolor ha entrado en su carne y la hace trizas desde el interior. Su corazón que late a toda velocidad se desgarra con cada latido, con cada movimiento.
Una rodilla en la arena y después dos. La cabeza reposa por fin. Mientras que lentamente el espíritu valiente abandona este mundo, se corta una oreja de esta carcasa que, hace unos minutos, era todavía una bestia llena de vigor y de fuerza. El público aplaude el coraje del torero y celebra la valentía de este toro que ha combatido hasta el final.
Abandona esta tierra con los aplausos de una muchedumbre que ha venido a contemplar esa brutal naturaleza y ese coraje que ella no tiene.
La existencia de este toro que termina bajo nuestra mirada nos da una lección. El ruedo se ha transformado en teatro de la vida. Aquellos que se niegan a verlo así gastarán su saliva en un inútil alegato contra lo que llamarán “la crueldad humana”, creyendo defender una causa que no entienden, una naturaleza de la que ignoran todo.
En este mundo en el que se confrontan las ideas, donde los verdes combaten contra los aficionados, donde aquellos que se toman por defensores de la causa animal se alzan con fuerza contra estas prácticas y esta tradición, nos olvidamos mirar al animal por lo que es.
Estos amantes de «la naturaleza» no miran la naturaleza en sí, sino la imagen que quieren ver. No miran al animal, sino una prolongación de ellos mismos, imaginando que respetar un animal es tratarlo como a un ser humano.
Se imaginan en el ruedo como en los tiempos de los gladiadores, con su visión del mundo sin violencia, desarmados frente a un temible adversario.
En combate entre el toro y el torero no se resume en una comparación entre las armas, tampoco se resume en la justicia o en la violencia de situación, ni siquiera en la utilidad de las tradiciones de nuestro mundo.
El salvajismo es animal, el combate se codea en todas partes con la vida animal.
La naturaleza original ya no existe, se transforma a cada instante, es la vida que evoluciona.
En este mundo en el que todo termina por ser modelado por el hombre a su imagen, la palabra «naturaleza» se convierte en un pretexto para tener buena conciencia.
Hemos perdido el sentido de nuestra vida, demasiado ocupados en buscar la comodidad, el reconocimiento y la inmortalidad.
El toro de lidia, por su parte, es la naturaleza en estado bruto. Está programado para vivir, reproducirse, combatir y morir. Es su naturaleza y su vida se ciñe a ello.
Combatir en un ruedo seguro que no es «natural», pero para el toro, esta muerte tendrá más sentido que la de un toro ejecutado en un matadero, aunque la moral se satisfaga de antemano del lado aséptico por la muerte de los animales en estos templos del consumo alimenticio.
Hoy comemos carne como cualquier otro alimento, por su sabor, sus cualidades nutritivas, sus costumbres. Pero se acabaron los tiempos en los que se comía el animal cazado y luego matado.
Los tiempos en los que la carne no era un alimento, sino un medio de supervivencia, un medio para seguir viviendo.
Hoy se cría, luego se sacrifica y luego se degusta. Ninguna de estas palabras tiene sentido. Estamos programados para comer carne, pero nos hemos desviado de la actividad principal nuestros antepasados: la supervivencia. Nuestros predadores son de una naturaleza diferente.
La sociedad, sus estreses, la carrera por el dinero como única garantía de nuestra supervivencia, nos han convertido en seres a contracorriente de nuestra naturaleza.
Sin cesar encontramos artefactos que nos permiten compensar las incoherencias de nuestras vidas. La naturaleza tal y como nos la representamos ya no es de este mundo.
¿Cuánto tiempo les queda aún a estos toros de lidia, testigos de una época en la que un trozo de carne significaba un trozo de animal que se ha matado, una época en la que esto se calculaba en tiempo de supervivencia antes de la próxima caza productiva?
Señores abogados de la defensa de los derechos del animal, os equivocáis de causa, de acusado y de procedimiento.
¿Cómo denunciar la existencia de corridas y aceptar la de mataderos?
Vuestra búsqueda ha perdido todo el sentido, se basa en un punto de vista intelectual que ignora la trivialidad de vuestra propia existencia.
Como un dictador que sabe que no podrá convencer a la mayoría e impone su visión del mundo por la fuerza. Si estuviera en vuestras manos imponer el vegetarianismo al mundo entero, sin duda lo haríais, ignorando que así firmaríais la desaparición de todas las especies animales que consume el hombre.
Porque los toros de lidia viven, hay que matar a los toros de lidia en los ruedos. Así funciona la lógica del mundo.
La muerte de algunos centenares de toros valientes elegidos para hacer frente a los toreros asegura la supervivencia de otros miles, criados en las tierras y bajo el sol de Andalucía, y de otros sitios.
Aunque les pese a los militantes de la causa animal, el hombre de hoy es la garantía de la supervivencia de los animales. La naturaleza ya no se basta por sí misma ni puede ignorar el mundo en el que vive.
La adaptación al entorno siempre ha hecho evolucionar a las especies. El hombre siempre ha sido un predador y lo sigue siendo. Hay muchas formas de matar a los animales. En un matadero, en un ruedo, en el bosque… ¡y en los tribunales! Pues al fin y al cabo, los mayores asesinos de animales ¿no serían aquellos que quieren impedir que les matemos?
Algunos [1] se niegan a ver la parte del hombre que le empuja a cazar y a matar y pretenden que nuestro cerebro reptiliano, sede de nuestras emociones primitivas, no tenga derecho a expresarse, aun cuando éste condiciona nuestra supervivencia.

 Sophie Malakian es veterinaria, tras sus estudios en Maisons-Alfort vivió durante 18 años en Guadalupe (Islas Antillas) donde ejerció en su clínica la medicina y la cirugía de animales tanto de compañía como de producción. También creó una yeguada y un centro ecuestre en el que criaba caballos y ponis y ofrecía clases, paseos y competiciones.
Hace dos años regresó a la Francia Metropolitana y ahora ejerce la osteopatía cognitiva y la odontología equina osteopática.

“Mi experiencia de veterinaria me ha permitido aprender mucho sobre los animales y sus comportamientos. Mi pasión por los animales desde que era pequeña me ha dado una visión no antropomórfica del animal y su psicología y una visión pragmática de su lugar en nuestra sociedad, lo que no me ha impedido conservar una gran pasión y un gran respeto por la causa animal de la que sigo siendo una ferviente y sincera defensora”.

El Juli en el homenaje a la corrida portuguesa celebrado ayer en Albacete




Como indicábamos, el homenaje lo dirigió El Juli con la complicidad de los taurinos y  el regocijo de esa banda de narradores bucólicos que han encontrado acomodo en la devaluada crítica taurina actual.
Nota añadida: Como indica Pedro, "No olvidemos que fueron los taurinos desde el callejón los que empezaron a pedir el indulto. El público se dejó llevar por la corriente" 

El taurinismo, dirigido por El Juli, homenajea a la corrida portuguesa en Albacete

Por lo que leo ayer, al cuarto animal de Daniel Ruíz ni se le picó ni se le mató en el ruedo. Todo un homenaje a la corrida portuguesa, a esa corrida incruenta por la que suspira mas de un taurino.
Escribe Alejandro Martínez:
Cortesano, un torete de pelo castaño y armoniosas hechuras. Repitió en el capote con exquisita nobleza y se ordenó que salieran los picadores. Y salieron. Para nada, eso sí. El torete, manso como él solo, salió huyendo del caballo en cuanto sintió el hierro sobre él. Ni un picotazo se llevó. No sangró. El Juli, claro, se desmonteró y, por supuesto, el presidente cambió el tercio. Lo de siempre. (...)

Había que indultar otro torete de Daniel. ¿Lo consiguieron? La duda ofende. Parte del público, contagiados por los amiguetes del interesado, también sacaron sus moqueros y comenzó el jolgorio. Por supuesto, El Juli, entró al juego. Tras ir a por la espada, hizo como que se disponía a matar al toro, y la plaza estalló. Y no se lo pensó dos veces. El presidente, Joaquín Coy, sacó el pañuelo naranja. El despropósito se había consumado.

Foto 1: Por el Pitón Derecho
Foto 2: Aplausos
Nota añadida: Como indica Pedro, "No olvidemos que fueron los taurinos desde el callejón los que empezaron a pedir el indulto. El público se dejó llevar por la corriente
"
¡Aficionados, a defenderse!