lunes, septiembre 18, 2017

Si no hay respeto para el toro, difícil es que lo haya para la tauromaquia (Antonio Lorca)

Tiempo ha que el toro, el gran protagonista de la tauromaquia -el jefe de la cosa, el rey- ha sido destronado y dormita escondido en un exilio interior que lo tiene desesperanzado y triste. No hay más que verle la cara cada vez que uno de ellos aparece en un ruedo.
Tiempo ha que ha sufrido un violento golpe de estado que lo ha despojado de sus poderes y relegado a un deshonroso papel de convidado de piedra en una fiesta a la que ya no conoce ni el que la fundó.
Y los golpistas han sido los toreros -con la colaboración diligente, irresponsable e imprudente de ganaderos y empresarios-, erigidos en dueños de un negocio que, a la vista está, se les va de las manos con la huída en masa de los aficionados.
No tiene sentido alguno que la tauromaquia se siga llamando ‘fiesta de los toros’, cuando estos han sido despojados de toda autoridad y cometido estelar. Hoy no existe más que la fiesta de los toreros, alentada por esos aficionados de nuevo cuño -espectadores, no más- que se definen como ‘toreristas’, como si la tauromaquia se sustentara en las poses aflamencadas de un señor vestido de luces ante un tonto toro artista y apocado.
Antonio Lorca
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