Muy descastados y
con muy poca fuerza han salido los toros de Montalvo, otra ganadería más de
encaste Domecq que no debería pisar el albero de las Ventas, pero esta semana
veremos otras varias de semejante procedencia que harán imposible el lucimiento
de los toreros en el ruedo. Como siempre, o sea que no vemos diferencia entre
lo programado por esta nueva empresa y los años anteriores a pesar de las
promesas de renovación que nos han hecho.
Hoy lo ha
intentado Paco Ureña en el quinto de la tarde y sólo ha conseguido una merecida
bronca por la forma tan horrible de matar al animal. El conjunto de su
actuación toda la tarde ha resultado anodina y deslavazada, aunque en algunos
momentos parecía que lo intentaba.
El único toro que
ha empujado en el caballo ha sido el cuarto, y en la muleta venía de lejos, tal
y como lo citaba Curro Díaz, pero el torero no ha sabido embarcar las
embestidas ni someter al toro con lo que su labor ha quedado desdibujada y
parecía que más se debía al viaje del toro que al torero, una lástima porque
allí estaba ofreciendo las orejas y se le ha ido sin torear. Tampoco se ha empleado
con el primero, muy anovillado y protestado.
López Simón torea
muy despegado, aliviado en exceso de un peligro que no se percibe, propina
innumerables pases sin profundidad ni hondura y aburre al personal.
Su cuadrilla ha
estado muy acertada y ha puesto un buen par de banderillas Domingo Siro y por
supuesto Jesús Arruga se ha lucido en los dos que le correspondían.
Hoy la plaza estaba
llena, han acudido el rey emérito y la infanta Elena, era San Isidro y el
público se merecía otra cosa, no era un cartel de fiesta grande, ya desmerecía
sobre el papel y la realidad vivida ha resultado todavía mucho peor.
Sin toros bravos no
habrá regeneración de la fiesta y sin toreros que se pongan delante tampoco y
por el momento no aparece ni lo uno ni lo otro.
Jandro
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