lunes, diciembre 18, 2006

Un relato de Max Aub


Del libro "Crìmenes Ejemplares" de Max Aub extraigo el siguiente relato:
"¡Habìa empezado la lidia del primer toro! ¡Ya estaban los picadores en el ruedo! ¡Yo iba a ver torear a Armilla! ¡Los demàs me tenìan sin cuidado! ¡Aquel acomodador era un imbècil! ¿ Voy a ser responsable de la idiotez de los demàs? ¡A dònde ìbamos a parar! Tenìa el nùmero veinticinco de la sèptima fila y aquel asno con brazalete me llevò al doscientos veinticinco!. ¡Del otro lado de la plaza ! La gente empezò a chillarme. ¿ Dònde me iba a sentar si aquel desgraciado se habìa equivocado y la plaza estaba llena a reventar? Reclamè, intentè explicarme. Se quiso escabullir . La gente me insultaba. ¡ Y oì la ovaciòn! ¡Y no habìa visto el quite! Me dio tal rabia que lo tirè tendido abajo. ¿Que se fracturò la base del cràneo? ¡Què tengo que ver yo con eso! ¡ Si cada uno cumpliera con su obligaciòn! Bastante castigo tengo con no haber visto la corrida."

1 comentario:

  1. Podria figurar en Crimenes ejemplares.("El Crimen Balañá").

    NATURAL por ARCADI ESPADA.

    La noticia del fin de la actividad taurina en Barcelona ha de provocar una gran alegría entre los partidarios del arte. Desde hace años, la plaza Monumental es un mero matadero con moscas. Los jóvenes Balañá han convertido lo que fue una plaza importante en un antro de pueblo, por debajo de Valencia, Bilbao, Zaragoza, Sevilla, Madrid y Daimiel, y es perfectamente lógico que ahora quieran vender sus 10.000 metros cuadrados a precio de Diagonal, que es dónde está. Los negocios se hacen así, y mucho más los negocios políticos, que siempre se concluyen en el filo de una navaja.

    La empresa ha hecho un curioso mobbing con los aficionados. Cada domingo iba sacando gatitos que firmaban como toros. Eran tan insignificantes que un domingo hasta el retirado José Tomás, protagonista del inolvidable espejismo de redención que tuvo lugar en la plaza hace cuatro o cinco temporadas, se quejó. Él, al que tan mal se le daba el trapío. Se quejó. Los gatitos de la plaza de Barcelona han sido protagonistas de historias curiosas. Otra tarde, un desesperado presidente los fue echando uno tras otro hasta que se acabaron los llamados toros. Fue muy criticado. Yo mismo. Bien se ve que era un héroe civil. A los animales puede sumarse el aire de general decadencia de las instalaciones. Y la íntima vergüenza que la renovada familia Balañá ha ido acumulando por ser empresarios de toros. O sea que mucho mejor que cierren, y no veo el motivo para que esperen hasta el 2008.

    En fin, sí veo un motivo: la despedida de los aficionados y el lloriqueo, y las justas renovadas en la calle entre taurófilos y no, será un espectáculo sustancioso. El último día tal vez venga, por fin, TV3 e incluso José Montilla, que esta última temporada, aún novillero, se sentó en barrera.

    Por lo demás, y clausuradas las tardes de las luces y la sangre, los ciudadanos habrán de estar atentos al costo. Se comprende que los nacionalistas protectores estén dispuestos a cualquier cosa con tal de que quede claro que ellos han acabado con los toros, pero sin sangre. Dado que son 10.000 metros y eso son 10.000 millones habrá que ver cuánto nos hacen pagar por la higienización de las costumbres, que es un bonito modo de llamar al pelotazo. Por lo demás, espero que los taurinos acojan el interesante proceso que se abre de una manera elegante e irónica. Y optimista, por qué no. Los toros en la Monumental de Barcelona habían acabado teniendo un aire mortecino, temeroso. Nada que ver con lo que sucede en otras partes, y en especial en la dichosa Francia de Dax, de Céret o de Nimes, nord enllà, donde dicen que la gente es culta, rica, despierta y feliz.

    (Coda: «Ustedes sueñan con un Dios a su medida, vegetariano, progresista, algo agnóstico y republicano. No pueden aceptar que el bondadoso muera joven y el canalla dure más que Matusalén. Quieren imponer su dogma igualitario y pacifista en la naturaleza. Es una ficción muy agradable, pero lamentablemente, la muerte y el dolor forman parte indisoluble de la vida». Albert Boadella, Controversia entre un hombre y un toro.)

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