miércoles, enero 14, 2009

Eugenio D' Ors o la tauromaquia desde Cataluña (José Serrano Carvajal)

Recibimos el siguiente e.mail de David García:
Les envío un artículo publicado en la revista "Caireles", única publicación taurina en la ciudad de Barcelona, firmado por el Dr. José Serrano Carvajal bajo título de "Eugeni d'Ors o la tauromaquia desde Cataluña".
Este artículo ha servido de estudio y ponencia después de su publicación en las facultades barcelonesas Pompeu Fabra y Universitat Central de Barcelona por ello, y por la calidad extraordinaria de los contenidos del artículo en los que se detalla la realidad y la importancia de la tauromaquia a través de uno de los intelectuales más importantes del Novecentismo catalán.
Esperano que tengan a bien su publicación reciban un cordial saludo,

EUGENIO D’ORS O LA TAUROMAQUIA DESDE CATALUÑA
José Serrano Carvajal
Doctor en Derecho
Miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Ente otros grandes estudiosos del tema de los toros, brilla el inolvidable “Xènius”. De siempre hemos tenido devoción a esta figura de la filosofía, eje de muchas interpretaciones que se han prestado sobre este tema y la cultura, a lo largo del pensamiento hispano por excelencia, con su interpretación del significado de estas fiestas. Ante esta realidad se han hecho patentes el mal trato que al maestro se ha dado, tanto por los taurinos, como por los que monopolizan la pseudocultura catalana, lejos de la realidad. Lo que ya nosotros habíamos denunciado con motivo del poco eco que tuvieron entre los que estudian estos fenómenos, en el cincuentenario de su muerte. Que si bien han puesto de manifiesto su genuina influencia sobre una generación de españoles, se le han querido aplicar ese silencio al que son tan aficionados algunos ideólogos, que tienen la desfachatez y el descaro, de autoproclamarse progresistas, que quieren borrar media historia de España.
Hemos querido, entre otros escritos, enfrentarnos con el análisis de su rica personalidad. Especialmente de los principios éticos, estéticos, morales y políticos. Entre otras razones, porque han sido señalado, por unos como padre del Novecentismo; por otros como alentador del espíritu falangista; por la mayoría como filósofo clásico o depositario de estilo genuinamente español, fuertemente arraigado en sus orígenes catalanes. Caracteres que lo elevan al plano definitorio. Sin su obra no se puede explicar la cultura española de finales del siglo XIX y de todo el XX, propiciando la fundación del Instituto de España en 1938, o la Dirección General de Bellas Artes. A la vez que recopilador de las mejores tradiciones del principado o más bien del condado de Barcelona y de los hombres y mujeres a los que ha tocado desarrollar el sentido nuclear de Cataluña, como su mentor Prat de la Riba y don Francisco Cambó. Con una idea tradicional y clásica que tomó Maurras y de Acción Francesa. Soporte para su ideario de unir los toros y la cultura.
Este enlace le llevó a plantear la concatenación de los grandes estilos artísticos, el barroco y el clásico. Pese a su definición como filósofo de la historia de la cultura con su afán por el orden, por la claridad, por la armonía, que lo llevan a un equilibrio medio y elegante, características esenciales del clasicismo. Lo taurino lo conduce a las puras esencias del barroco, presentes en la vida española, como gran aportación de la Fiesta Nacional, que sigue los dictados de la generalidad, con una profunda penetración en todo el sentido de lo hispano, desde el toreo caballeresco hasta las manifestaciones populares del toreo a pie desde el siglo XVIII, que si bien fueron definidos en las tauromaquias de “Paquiro” y “Pepe Hillo” o de don Santos López Pelegrín y don José de la Tisera, encontraron su definición en Eugenio D’Ors, que la da su verdadera interpretación como elemento cultural. Resaltando especialmente en la pintura que tan magistralmente aparece en el pensamiento orsiano y en la totalidad de su obra. De ahí su planteamiento sobre Goya y sobre Picasso, en los que había gastado muchas páginas y muchas horas de estudio. Ambos pintores de las dos grandes tauromaquias con las que cuentan las Bellas Artes.
Otras muchas cuestiones que han venido a traernos una idea de “Xènius”, sobre la tauromaquia, incluidos los diferentes diestros a los que admiró. Pero es sin duda la construcción filosófica, como parte primordial de su planteamiento del arte, de las letras, de las ciencias, la que define su tauromaquia. En otra obra que estamos preparando aparecerá desarrollada con más profanidad esta afirmación. Desde hace mucho tiempo, hemos venido resaltando el trabajo eminentemente taurino de Eugenio D’Ors. “Estética y Tauromaquia” del que en su día dijimos que contiene la definición acertada, el concepto justo, la sentencia aguda, en la que tenemos la medida apropiada y certera, de los aspectos principalmente estéticos de una tarde de toros, que inmediatamente pasan a formar parte del concepto general de la cultura, de aquel ente político extraordinario que fue el Imperio de las Españas y que ya había planteado don Marcelino Menéndez Pelayo como definidor del concepto de lo hispano.
Este artículo publicado el seis de junio de 1943 en el suplemento del diario “Arriba” en el que escribían desde premios noveles como Camilo José Cela y lo más granado de aquella intelectualidad. Él viene a definirnos el carácter barroco de nuestra Fiesta cuando nos dice: “para asegurarnos del barroquismo de la Fiesta Nacional bastaría, por lo pronto, esto: lo de ser nacional, que quiere decir, hija de la íntima fuente, popular y espontánea de un grupo humano, que encuentra ahí la expresión inconfundible de su carácter, cual si la existencia de aquella y su estilo fuesen dictados por la misma naturaleza, no, la naturalaza en general, esta vez, sino la diferencial, la que da al grupo en cuestión una histórica solidaridad de casta”. Deteniéndose, Eugenio D’Ors, en la aportación del siglo XVIII al que denomina rococó, que si bien sueña con el tipo abstracto y común del hombre, cultiva con amores morganáticos pero fecundos lo folclórico y pintoresco, “dando a cada pueblo una institución castiza: a España los toros” sin otorgar mucha importancia que estas instituciones tuvieran precedentes tradicionales.
Otra de las notas cautivadoras, la tenemos en la referencia a la aportación de Goya y su tiempo, a la estilización de la estética taurina. Desde los trajes de los toreros, hasta la exhuberancia de su policromía, no ya lujosa, sino viciosa de los matices levantando, “Xènius”, frente a la tauromaquia del Imperio esta nueva del toreo a pie o la redención por el impresionismo de un cromatismo, que para él carece de la fuerza del de otras etapas. Con una clara referencia al color y sus matices, al “humillar al color mercé a la misma exageración de color, que se exacerba en ironía caricatural”, y nos habla de un joven novillero, gitano él y de injerencia granadina, aunque parece que no ha sido Granada su cuna. Analizando a la vez otra especie de reacción “ésta de abolengo reciamente tradicional” hablándonos de la obra de un diestro “de quién hoy la fama, y Madrid atruenan los aires con las cuatro sílabas del nombre”.
De este mismo corte, podemos considerar el artículo publicado en “Arriba” del 19 de junio de 1945, “Eugenio D’Ors de la Real Academia Española, sobre la perfección y sobre Domingo Ortega”, carta abierta a don José María de Cossío. Donde busca la justificación de lo taurino, en el contenido de la presente nota, planteándose el genio o si se quiere la genialidad, sobre el buen gusto. El primero representado por Debussy y el genio por Strauss o por Mozart, donde encuentra la compatibilidad entre la perfección y la gracia. Quien tiene en el toreo Domingo Ortega, del que dice que “sólo Domingo me ha dado en la arena los diez minutos de perfección cumplida y sin falla, que de este arte mi aportación podría lograr. Entre el orden dórico, representado aquí por el aplomo de Manolete y el impresionismo, demasiadas veces fugado, de tanto matador galardonado por mil orejas Ortega y su orden jónico alcanzaban la madurez de la maestría”.
En esta búsqueda de la perfección, nos habla de la forma de expresarse el pueblo llano de Castilla, “que a su juicio no se distingue de la gramática de la academia” afirmando en otros párrafos que “para bocas castellanas parecen dichas aquella sacra recomendación de ser perfecto, como es perfecto El Padre que en los Cielos está”. Puede ser que nos encontremos en estos pensamientos que hemos comentado, con la parte más profunda, de las ideas que sobre la tauromaquia se hayan escrito. En una defensa apasionada de una idea superior, en la que el filósofo ha expresado su profundo sentimiento del sentido de lo hispano desde Cataluña. La de Cambó, la de Prat de la Riba y la de don Eugenio D’Ors. Aquella que para Guillermo Díaz Paja, impone “Xènius” “con la urgencia de una cultura ligada a los cánones universales, sin diferenciación cantonal”. Dándonos una definición del Glosario, cuando nos habla de la fabulosa lista de curiosidades y opiniones espirituales “que hacen familiares a las gentes de Cataluña las estirpes más ilustres de la sabiduría y del arte”. Todo en el seno de una elegancia innata, con la que quiere salvar los valores del clasicismo, que se desprende para Eugenioo D’Ors de la tradición del Mare Nostrum, de la cultura, pero también de la Tauromaquia.
Sólo nos resta dar las gracias a David.

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