domingo, octubre 06, 2019

EL CID

La cosa de hoy iba, por completo, de El Cid, un torero que, mientras otros recibían las floreadas guirnaldas de la crítica selecta y nada interesada, mientras los adjetivos servían para ir haciendo tragar a las gentes el ricino del toreo de renuncia, del toreo sin toro, Manuel Cid iba conformando su carrera basada en la pureza y en el toro, las dos inmutables patas en que reposa la tauromaquia que importa. Manuel Cid fue abriendo las puertas grandes de Madrid, de Bilbao, de Sevilla (allí la dicen la del Príncipe) a base de estar frente al toro, el que mete miedo, el que es un problema, el que no regala nada más que la incertidumbre de su embestida lista. El Cid ha abierto los más difíciles cerrojos de las Plazas más exigentes con los toros de Victorino Martín donde otros han hecho sus gestas a base de cuvillejos y de juampedritis de todo a cien, dejándose la vida en cada cite, en cada natural. En Bilbao, el día histórico de los seis de Victorino, la que posiblemente sea la corrida más importante que se ha visto en lo que llevamos de siglo XXI, cuando Cid viene de matar al cuarto, le pregunta a Boni, su excelente peón:

-¿Cuántos quedan?

José Ramón Márquez.

Foto: Andrew Moore

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