México cuenta con un historial taurino glorioso, añejo, increíble y dorado. Su hoy es el contar con valores que apuntan a proyectos internacionales, variado elenco de ellos; dehesas que honrosamente se decantan por el toro encastado, algunos empresarios visionarios y críticos sensatos y valientes, pero todo eso no vale para detener al sinvergüenza de Chiva, que prosigue con sus vacaciones placenteras y pagadas, pese al petardo que pegó con solidez en la plaza de “La Ciudad de los Deportes”, porque asimismo está contaminada con públicos inocentes e impotentes para exigir sus derechos, ganaderos sin escrúpulos, prensa que se vende por migajas y empresarios amos de la estulticia.
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Sergio Martín del Campo en La Jornada de AguascalientesY no hay peor ciego que el que no quiere ver, y Enrique Ponce no desea ver la realidad de que está manchando su nombre, de paso vejando a una afición que le ha dado demasiado, no sólo afecto sino también dinero, y mucho, únicamente por no responsabilizarse con autenticidad del título que por voluntad adquirió de matador de toros.
