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jueves, mayo 30, 2019

Un documento de la Inquisición

"Digo yo Ventura Rodríguez que hago pacto con el demonio con efecto que me de licencia para saber torear que es capear, echar banderillas, estoquear, saltar los toros que quiera y otras habilidades tener, mucho corazón amistad con Grandes de España y otros y saber hablar y correr"
Vía : Antonio Pineda / Humberto Ramírez

jueves, diciembre 29, 2016

"La única cosa seria que queda en el mundo es el toreo". Feliz 2017

Dijo García Lorca hablando de toros la otra noche, que la única cosa seria que queda en el mundo es el toreo, único espectáculo vivo del mundo antiguo en donde se encuentran todas las esencias clásicas de los pueblos más artistas del mundo".
"La Prensa", 3 de marzo de 1930.
Foto: Remate de Félix Rodríguez.
Vía: Oselito

jueves, noviembre 03, 2016

Sobre el rostro de los toreros

"Son gente (los toreros) que se han integrado en el privilegiado Olimpo de la mitología popular o que han permanecido en el anonimato más respetable. No importa. Todos tienen esa impronta especial de quienes forman parte de un paisaje humano antes de la batalla, en el que la concentración, la seriedad del rictus no es una pose, es una exigencia. Los músculos faciales sólo se relajan cuando la lidia ha concluido y ni siquiera así (...), son rostros que describen también una forma de entender la vida (...) la mejor representación del cansancio y la dignidad de quienes hace tiempo comprendieron que su mundo y su vida, su patria y sus sueños se hacen realidad en los diez o quince minutos eternos en los que se enfrentan al toro".
Ángel Sánchez Harguindey,
Vía: Antonio Pineda

Foto: Pablo Cobos Terán para el último número de Cuadernos deTauromaquia

jueves, abril 21, 2016

Sobre los lamentos de la empresa de la Plaza de Toros de Sevilla

En“El País” de hoy Antonio Lorca presta su pluma a las quejas y lamentos de la empresa de la Plaza de Toros de Sevilla. Tras la feria el gerente de la misma Ramón Valencia afirma que “No hay afición para una feria de esta categoría” entre otras afirmaciones, plañideras todas.La lectura del artículo hace que uno acabe por plantearse una serie de cuestiones, el problema es que desde hace años, desde que pasaron las vacas gordas, éstas son siempre las mismas. Ni han variado las lamentaciones, ni el planteamiento empresarial que las provoca ni las sensaciones que todo lo anterior suscita en el aficionado.
Según afirma la propia empresa los abonados han pasado de 2165 de la temporada pasada a 2335, es decir, que el número ha aumentado en 170 abonos. Lo primero que a uno se le ocurre es pensar en que si no se ofrece a estos señores otra ventaja que la de garantizarse el mismo asiento para los festejos de abono, ¿qué puede esperarse? ¿Ha probado a ofrecer ventajas económicas a sus clientes más fieles? ¿Ha probado a ofrecer descuentos para el primer abono, para el segundo, etc.? ¿Ha probado algún año a ofrecer miniabonos de preferia a precios asequibles? ¿Ha probado a poner precios distintos en la preferia en la que se concentran carteles de menos relumbrón para el gran público? ¿Ha probado a ofrecer un miniabono de corridas toristas en la preferia o al menos de encastes variados? ¿Porqué si todas las empresas pretenden abrir sus mercados Pagés limita el abono completo, con dos excepciones, a un tipo de toro y un tipo de corrida? ¿Porqué luego se queja de que la gente sólo asiste, y no siempre, cuando anuncia a las figuras si es la propia empresa la que intenta hacer ver que sólo merece la pena determinado tipo de toro y de corrida? ¿Y cuando vengan los festejos del resto de la temporada en los que las figuras no se anuncian, qué?
Afirma en la entrevista que en las cuatro corridas en que se ha puesto el cartel de “No hay billetes” ha perdido dinero. ¿Significa éso que lo que a unos se les da de más a los otros se les debe de dar de menos (los mínimos) si no se quiere sufrir un descalabro demasiado grande? ¿Habrá alguna empresa hotelera que haya visto ocupados al cien por cien sus establecimientos durante la feria y que haya perdido dinero? Y de ser así, ¿tendría futuro?
Las cuestiones son las mismas años tras año, con figuras y sin ellas, y los lamentos también. Entonces, si no es capaz como parece deducirse de todo lo anterior, ¿porqué no se va? ¿Porqué cuando recientemente le ofrecieron la rescisión del contrato, según se publicó en su día, dijo que no? Y si se queda y se quiere un resultado distinto, ¿porqué se hace siempre lo mismo?
Antonio Pineda

jueves, febrero 18, 2016

Sobre el aficionado cabal (Felipe Benitez Reyes)

Existen muchos tipos de aficionados a los toros, cosa natural en un arte complejo, muy dado además a la controversia interpretativa, a las pasiones y, desde luego, a las aberraciones. Una plaza de toros repleta de gente puede suponer un tipo de expectaciones iniciales o de posteriores desánimos distinto para cada espectador. Cada cual acude a la fiesta de toros con un secreto afán, y cada cual con un privado bagaje de afición.(…) Un cabal es lo contrario de un cabalista , pues el cabal no fía ninguna valoración al albur, sino únicamente al ejercicio del sentido común y a la constatación a través de sus conocimientos. Un cabal no opina, sentencia. No corrige, denuncia. No es voluble, sino dogmático, necesariamente dogmático.
El cabal ilustrado intuye que el toreo es siempre un arte en decadencia, un arte con mucha temporada de saldo. El cabal es un aficionado que, por instinto reflejo de nostalgia, mira atrás para contraponer la niebla dorada del pasado a la polvareda gris del presente. El cabal, en fin, presencia las corridas de toros con mucho juego de memoria”.
“Palco de sombra. Escritos taurinos”, de Felipe Benítez Reyes.

Foto: Concha Ortega.
Vía: Antonio Pineda

martes, febrero 09, 2016

"Toreo de salón" - Camilo José Cela -

"Remigio Vega, cuando se las tiene que haber con un torero de salón de los que no dan propina, saca a relucir el resabio y lo tunde a cornadas y a coces; en éso se le nota a Remigio Vega que está muy toreado". 
"Toreo de salón", de Camilo José Cela. 


Vía: Antonio Pineda

miércoles, diciembre 02, 2015

Sobre la estocada (Guillermo Sureda )

Frente a la primacía que tuvo la estocada desde los inicios del toreo hasta la llegada de Juan Belmonte, que es quien eleva a primerísimo plano la faena de muleta, cabe oponer, símbolo de dos conceptos completamente distintos del arte de torear, el desprecio más absoluto que el público de toros actual siente por lo que se llamó suerte suprema...
Creo que en esto, como en casi todas las cosas del toreo, hay que buscar la verdad del término medio. Ni la estocada como fin exclusivo -el fin de antes de Belmonte- al que tendía toda la lidia del toro, ni la suerte de matar convertida en suerte de matarife, olvidada casi por completo, tanto por los que están en el ruedo como por los que están en el tendido. Se trata, simplemente, de devolverle, ya que no el rango que tuvo, por lo menos la dignidad que exige, en mayor o menor grado, la entraña misma del toreo. Pienso, pues, en que hay que dar a la estocada, lo que es de la estocada".
Consideraciones aparte sobre la faena de muleta antes y después de Belmonte, las palabras de Guillermo Sureda en su obra "Tauromagia" parecen escritas ayer.
Vía: Antonio Pineda

lunes, noviembre 23, 2015

Presos políticos en la cárcel de Larrínaga

"Presos políticos de la cárcel de Larrinaga improvisan un "festival taurino" en los años 40. El toreo es de todos"
Antonio Pineda

jueves, octubre 01, 2015

Cien años de la concesión de la primera oreja que se cortaba en la plaza de Sevilla a cargo del Rey de los Toreros.

"La culminación torera de Joselito tiene lugar en la Maestranza de Sevilla, en la que el 30 de septiembre de 1915 se encierra solo con seis toros de Santa Coloma. Su labor es tan importante y completa, que al matar al quinto toro, de nombre Cantinero, ocurre algo inesperado, pero realmente colosal. Al rodar el toro, después de una gran estocada, el público en pie pide desaforadamente la oreja. Hasta entonces, en la Maestranza no se había concedido ninguna. Era presidente de aquella corrida histórica el que fue famoso letrado don Antonio Filpo Rojas, que relató así el momento: "La plaza era un inmenso flamear de pañuelos blancos. Consulté rápidamente con mis compañeros de presidencia, y don Manuel Retamoso, que era gallista cien por cien, me dijo: "Don Antonio, désela usted". Y entonces uní mi pañuelo a los demás con toda la emoción que ello significaba"
Vía Antonio Pineda

lunes, septiembre 28, 2015

"Pero quizás tú no sepas, Modesto, cómo acabaron mis pretensiones toreras" (Rafael Alberti)

Pero quizás tú no sepas, Modesto, cómo acabaron mis pretensiones toreras. Tú conocías muy bien a Manolillo el barbero, el de la calle Luna, gran aficionado. A él se le ocurrió, una de las veces que me trasquilaba, dejarme la coleta. De sus manos salí aquel día con un pico de pelo, que me asomaba bajo la coronilla como la nariz de un gran garbanzo. Al principio no se notaba, y sólo se lo confesé, mostrándoselo con orgullo, a Benvenuti, que era quien más en serio pensaba convertirse en matador de toros. A los dos meses, aquello había crecido demasiado, obligándome a quitarme apenas la gorra y a tapármelo en clase con la mano, adquiriendo así una forzada postura de alumno pensativo bastante sospechosa. Pero al fin llegó el día en que mi secreto lo iba siendo a voces. (... ) Y llegó la denuncia. Fue en clase de francés. Un interno que tenía detrás. Descuido mío. Una imprudencia de la mano que me servía de tapadera. El interno (no recuerdo su nombre) tuvo que descubrirlo. Era demasiado notorio, demasiado indecente aquel colgajo. ¡Horror! Una carcajada.
-¿Qué significa eso?
-Mire, padre Aguilar.
Éste se levantó, severo, interrogante, pero sin descender del estrado.
-Explique los motivos de esa risa.
-¡La coleta de Alberti! ¡Mire, mire!
Gran escándalo. La clase entera, de pie. Y la mirada del padre Aguilar, dura, como un estoque, entrándome en el alma. La vergüenza creo que me hizo enrojecer hasta las raíces del amenazado símbolo taurómaco, que yo trataba de ocultar aún entre mis dedos temblorosos.
-¡Silencio! -ordenó el profesor de lengua francesa.
Entonces, Benvenuti, que se hallaba sentado junto a mí, sacando un cortaplumas desafilado, mohoso, de esos que anuncian el coñac Domecq, me la cortó de un terrible tirón inolvidable, lanzándola sobre la mesa del padre Aguilar, quien con un irreprimible gesto de asco la arrojó al cesto de los papeles. Ya sin coleta me sentí derrotado, viejo, como ese lamentable espada cincuentón que sobrevive a sus triunfos”.

La arboleda perdida”, Rafael Alberti.

Vía: Antonio Pineda 

miércoles, septiembre 23, 2015

Rafael Alberti


¿Qué verdadero niño andaluz no ha soñado alguna vez en ser torero? Daba la espalda del colegio a un gran ejido de retamas, adonde iban a pastar las vacas y torillos de mi tío José Luis de la Cuesta. A los once años de edad, y sobre todo cuando se alimentan ilusiones taurinas, se es ya todo un valiente. Íbamos unos cuantos, a la hora del latín o las matemáticas -Luis Bootello, José Antonio Benvenuti, Aranda...-, alumnos del segundo y tercero de bachillerato, dispuestos a apartar un becerrillo o lo primero que se nos arrancara. Juan Guilloto, aunque menor, nos acompañaba algunas veces; también, de cuando en cuando, se nos añadía un gitano apodado «La Negrita», algo mayor que nosotros y que contaba con nuestra admiración por haberse tirado al ruedo en una novillada y terminado en la cárcel.
(…) Llegaba el momento de separar la fiera. Pero los zagales vigilaban. Había, por lo menos, que distraerlos o eliminarlos de su custodia. Momento peligroso. Los imberbes toreros nos íbamos acercando separadamente al ganado, con los bolsillos cargados de piedras.
(…) Como señal de ataque sonaba un silbido. Y, antes que los guardianes pudieran defenderse, la pedrea diluviaba sobre sus desprevenidas cabezas, obligándoles a correr o a tirarse por tierra para no morir descalabrados y evitar de este modo la respuesta de sus hondas de pita.
(...) Cuando la corrida podía verificarse, consistía entonces en unos desordenados chaquetazos, varios revolcones con pateaduras, traducidos luego en indisimulables agujetas y negros cardenales. Aquellos golpes y magulladuras, a pesar del callado dolor que nos causaban, eran nuestro orgullo. Pensábamos en las grandes cornadas de los famosos matadores, recibidas entre un delirio de abanicos y aplausos por los ruedos inmensos. Y luego, las conversaciones ilusas, los entusiastas comentarios. En ellos figuraban con insistencia «la enfermería oscura de las plazas, el yodoformo, el paquete intestinal, la gangrena, la rotura de femoral o la muerte instantánea por choc (¡!)», palabras estas aprendidas de los revisteros taurinos, pronunciadas a veces con más terror que valentía por el misterio que encerraban aún para unos incipientes y vagos estudiantes como nosotros”.

La arboleda perdida”, de Rafael Alberti.

Vía: Antonio Pineda