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jueves, febrero 18, 2016

Sobre el aficionado cabal (Felipe Benitez Reyes)

Existen muchos tipos de aficionados a los toros, cosa natural en un arte complejo, muy dado además a la controversia interpretativa, a las pasiones y, desde luego, a las aberraciones. Una plaza de toros repleta de gente puede suponer un tipo de expectaciones iniciales o de posteriores desánimos distinto para cada espectador. Cada cual acude a la fiesta de toros con un secreto afán, y cada cual con un privado bagaje de afición.(…) Un cabal es lo contrario de un cabalista , pues el cabal no fía ninguna valoración al albur, sino únicamente al ejercicio del sentido común y a la constatación a través de sus conocimientos. Un cabal no opina, sentencia. No corrige, denuncia. No es voluble, sino dogmático, necesariamente dogmático.
El cabal ilustrado intuye que el toreo es siempre un arte en decadencia, un arte con mucha temporada de saldo. El cabal es un aficionado que, por instinto reflejo de nostalgia, mira atrás para contraponer la niebla dorada del pasado a la polvareda gris del presente. El cabal, en fin, presencia las corridas de toros con mucho juego de memoria”.
“Palco de sombra. Escritos taurinos”, de Felipe Benítez Reyes.

Foto: Concha Ortega.
Vía: Antonio Pineda

viernes, mayo 29, 2015

"Yo creo que la mayoría de los toros muere de estupor"


"Hoy se hacen cosas insólitas en los ruedos: diabluras, majaderías, barbaridades. Y no sólo con impunidad, sino además con agasajo. Yo creo que la mayoría de los toros muere de estupor."

Felipe Benítez Reyes


nota: Llego a la cita gracias a mi amigo Gastón

martes, octubre 23, 2012

¿Qué busca la gente en una corrida de toros? (Felipe Benítez Reyes)

"¿Qué busca la gente en una corrida de toros? ¿Diversión? Sería, desde luego, poca cosa: una función de toros no divierte, y las mas de las veces aburre. ¿Emoción estética? Ya resultaría excepcional que la gente, que por lo general tiene alma de cabrero, buscase emoción estética precisamente en un arte en el que esa emoción está oculta , agazapada tras oropeles y brillos fatuos. Por extremado deterioro del gusto y del sentido, además.
Uno ignora, de veras, cómo pueden ir poblándose los tendidos mientras se aproxima el toque de clarín: “A ver que demonios ocurre”. Como un pitido ramplón que hace las veces de heraldo del enigma: “ A ver que demonios...”.
Y las plazas, tarde tras tarde, se llenan, o como poco, se cubren. Y uno se pregunta que hace allí tanta gente, y para qué.
Porque luego ese público misterioso –del que ignoramos sus motivos, su sentido, su pretexto- se encandila con la pantomima, con la trampa y el cartón. ¿Y eso le divierte?¿Y eso es emoción estética o cosa parecida?
Se pregunta uno, con muy seria extrañeza, què hacen esos tipos saltando del asiento cuando ven algo que es precisamente lo opuesto a lo que en lógica cabe esperar que vinieron a ver: torear. Y el toreo, o se hace por derecho o se hace otra cosa...que ya no es toreo: espectáculo con toros, función de malabarismos castizos. Lo que se quiera. Pero toreo no.
Uno mira a sus vecinos de tendido y se acaba preguntado: “ Pero, ¿qué demonios...?”
Felipe Benítez Reyes (Revista Taurología,nª3) 

Foto: Público en la plaza de toros de Salvatierra

domingo, enero 07, 2007

El premio Nadal


Acabo de oir que a Felipe Benìtez Reyes le han otorgado el Nadal. Reproduzco un texto que ya copie en su dìa:
Escribe el poeta y aficionado Felipe Benìtez Reyes:
"¿ Què busca la gente en una corrida de toros? ¿Diversión? Serìa, desde luego, poca cosa: una función de toros no divierte, y las màs de las veces aburre. ¿Emoción estètica? Ya resultarìa excepcional que la gente, que por lo general tiene alma de cabrero, buscase emoción estètica precisamente en un arte en el que esa emoción està oculta , agazapada tras oropeles y brillos fatuos. Por extremado deterioro del gusto y del sentido, además.
Uno ignora, de veras, còmo pueden ir poblándose los tendidos mientras se aproxima el toque de clarín: “A ver que demonios ocurre”. Como un pitido ramplón que hace las veces de heraldo del enigma: “ A ver que demonios...”.
Y las plazas, tarde tras tarde, se llenan, o como poco, se cubren. Y uno se pregunta que hace allì tanta gente, y para què.Porque luego ese pùblico misterioso –del que ignoramos sus motivos, su sentido, su pretexto- se encandila con la pantomima, con la trampa y el cartón. ¿Y eso le divierte?¿Y eso es emoción estètica o cosa parecida?
Se pregunta uno, con muy seria extrañeza, què hacen esos tipos saltando del asiento cuando ven algo que es precisamente lo opuesto a lo que en lógica cabe esperar que vinieron a ver: torear. Y el toreo, o se hace por derecho o se hace otra cosa...que ya no es toreo: espectáculo con toros, función de malabarismos castizos. Lo que se quiera. Pero toreo no.
Uno mira a sus vecinos de tendido y se acaba preguntado: “ Pero, ¿què demonios...?”Copiado del nùmero 3 de la revista "Taurologìa" (primavera 1990).

jueves, septiembre 21, 2006

"Los pùblicos misteriosos."


Escribe el poeta y aficionado Felipe Benìtez Reyes:
"¿ Què busca la gente en una corrida de toros? ¿Diversión? Serìa, desde luego, poca cosa: una función de toros no divierte, y las màs de las veces aburre. ¿Emoción estètica? Ya resultarìa excepcional que la gente, que por lo general tiene alma de cabrero, buscase emoción estètica precisamente en un arte en el que esa emoción està oculta , agazapada tras oropeles y brillos fatuos. Por extremado deterioro del gusto y del sentido, además.
Uno ignora, de veras, còmo pueden ir poblándose los tendidos mientras se aproxima el toque de clarín: “A ver que demonios ocurre”. Como un pitido ramplón que hace las veces de heraldo del enigma: “ A ver que demonios...”.
Y las plazas, tarde tras tarde, se llenan, o como poco, se cubren. Y uno se pregunta que hace allì tanta gente, y para què.
Porque luego ese pùblico misterioso –del que ignoramos sus motivos, su sentido, su pretexto- se encandila con la pantomima, con la trampa y el cartón. ¿Y eso le divierte?¿Y eso es emoción estètica o cosa parecida?
Se pregunta uno, con muy seria extrañeza, què hacen esos tipos saltando del asiento cuando ven algo que es precisamente lo opuesto a lo que en lógica cabe esperar que vinieron a ver: torear. Y el toreo, o se hace por derecho o se hace otra cosa...que ya no es toreo: espectáculo con toros, función de malabarismos castizos. Lo que se quiera. Pero toreo no.
Uno mira a sus vecinos de tendido y se acaba preguntado: “ Pero, ¿què demonios...?”
Copiado del nùmero 3 de la revista "Taurologìa" (primavera 1990).