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viernes, enero 13, 2017

"¡Eso es un toro, eso es un toro!"

Al final de la corrida, una conmoción recorrió los tendidos. Pienso que todos teníamos un nudo en la garganta. El toro, que ya había sido aclamado por su trapío al saltar a la arena, se resistía a morir de la estocada, su casta le aferraba a la vida, pugnaba por embestir. Antonio Rojas, que ya tenía ganado el triunfo, permanecía arrogante, junto a aquella cabeza de exposición, dos guadañas aceradas, que había sabido salvar en 30 pases de escalofrío. Entre la ovación restallante, surgió entonces de los magníficos aficionados de la andanada del 8 el clamor que ponía en lo alto la bandera de la verdad de esta fiesta y magnificaba el triunfo del torero: «iEso es un toro, eso es un toro!». Al instante, toda la plaza, ¡toda!, repetía el grito: «¡Eso es un toro, eso es un toro!». Tres matadores modestos, tres matadores que no tienen ni oportunidad de vestirse de luces, le echaron ayer el valor de salir al ruedo de Las Ventas a ponerse delante de una corrida de toros muy seria, tanto como se ha venido pidiendo; una de esas corridas de toros que, según dicen los del «bunker», no existe; una corrida de toros que ni por casualidad remota ha pasado por los corrales de la plaza en esos desfiles de reses a docenas que intentan trampear las figuras para sorprender la buena fe de aficionados, veterinarios y autoridad.
Joaquín Vidal ( de la crónica de la corrida celebrada en Las ventas el 27/5/1976. Toros deLuciano Cobaleda para Dámaso Gómez, El Puno y Antonio Rojas)

domingo, noviembre 18, 2012

Raúl Sánchez habla sobre la ganadería de Luciano Cobaleda



“En aquellos años hubo una ganadería de gran predicamento para un sector de la afición deMadrid que causaba verdadero terror: Luciano Cobaleda. De esa también maté unas cuantas. Salía malísimo. Eran como sardinas, pero tenían dos ‘petacos’ que no cabían por esa puerta. Un día, con Antonio, Ángel Luis y Juanito Bienvenida fuimos a tentar a lo de Juan Antonio Álvarez, porque entonces Ángel Luis y Juanito  apoderaban a Joaquín Bernadó. Como el ganadero no tenía plaza de tientas nos fuimos a lo de Luciano Cobaleda y al terminar, alguien propuso ver la corrida que tenía preparada para Madrid, pero nadie habló de fechas. Mira, cuando llegamos al cerrado donde pastaban los toros Antonio hizo así y ni se bajó del coche. Sólo exclamó desde la ventanilla: “¡Madre de Dios!”. Yo andaba con la mosca detrás de la oreja porquecasi siempre mataba la primera de la temporada en Madrid. Total, que le pregunté a Juanito: “¿Juan, esta no será la primera de la temporada en Las Ventas?”. “No hombre, no, si tú eres como de la casa, Raúl, y además torea contigo Bernadó. ¿Cómo vamos a anunciaros con esta corrida?”, me contestó. Y tararí tararí, la de Luciano Cobaleda para Joaquín Bernadó, Raúl Sánchez y Antonio Rojas, que confirmaba la alternativa. Apoyado en la tapia, mientras veía los toros, pensaba “joder, pobre desgraciado el que tenga que ponerse delante de uno de estos”. Era terrorífica. El primero de la tarde mandó a Rojas a la enfermería. “No querías caldo Raúl, pues toma, tres tazas”, me dije”. Por supuesto, los patas blancas de Luciano Cobaleda no pasaron desapercibidos para los aficionados. “A partir de esta corrida vinimos aquí siete años seguidos -recuerda Luciano hijo-. Lo habíamos sacado un poco de tipo, más grande, con más cara… Y lo que se buscaba era la casta. Entonces, claro, un toro encastado, con mucha cara, y que no siempre humilla mucho, es molestillo. Nadie lo pasa bien, menos mi padre, que en el campo los entendía a la perfección. Sabia darles sitio, andaba con ellos, mandaba sin apretarles mucho… En Las Ventas, lo nuestro cayó de pie. Eran toros preciosos y que se movían mucho”.

jueves, noviembre 15, 2012

" Seriedad en las caras, presencia pavorosa, agresividad. Y casta"

La del domingo pudo ser, y en muchas cosas fue, la corrida de la feria, en cuanto a la presentación y el comportamiento del ganado. Salieron los cobaledas como para dar un síncope al mismísimo Frascuelo. Toros con cuajo y hondura, pechos y culatas poderosos, y por delante, un armamento que hacía temblar el misterio. Toros de fachada antigua, escapados de las estampas de La Lidia (esa joya que nadie ha sabido igualar, aunque poder se puede, puesto que los canales de información y las artes gráficas se han perfeccionado tanto). Toros de una vez, y además, en conjunto, parejos. Seriedad en las caras, presencia pavorosa, agresividad. Y casta. Me río de tanto canto como se ha hecho a aquel hierro, y al otro, y al otro, porque tenían movilidad, aunque tres toros de aquél salían de los caballos pegando coces y los demás aceptaban las varas, los del otro se caían más o menos (más bien más), y los del otro tomaban las telas como borregos. Movilidad, casta, también genio, emoción y presencia por igual tremenda, poseyeron de sobra los correosos cobaledas de don Luciano, que además cumplían bien en varas, aunque ninguno pudo calificarse como bravo, pues cuál después de tomar un primer puyazo de largo y con entrega absoluta, en los siguientes acababa saliéndose de la suerte, cuál cabeceó el peto, cuál se quitó el palo.
Joaquín Vidal (Crónica de la corrida de Luciano Cobaleda en Las Ventas, en el cartel José Fuentes, Galloso, y Gabriel Puerta, que confirmaba) 
 Vía: el añorado blog "Taurofilia"

"¡Eso es un toro, eso es un toro!"

Al final de la corrida, una conmoción recorrió los tendidos. Pienso que todos teníamos un nudo en la garganta. El toro, que ya había sido aclamado por su trapío al saltar a la arena, se resistía a morir de la estocada, su casta le aferraba a la vida, pugnaba por embestir. Antonio Rojas, que ya tenía ganado el triunfo, permanecía arrogante, junto a aquella cabeza de exposición, dos guadañas aceradas, que había sabido salvar en 30 pases de escalofrío. Entre la ovación restallante, surgió entonces de los magníficos aficionados de la andanada del 8 el clamor que ponía en lo alto la bandera de la verdad de esta fiesta y magnificaba el triunfo del torero: «iEso es un toro, eso es un toro!». Al instante, toda la plaza, ¡toda!, repetía el grito: «¡Eso es un toro, eso es un toro!». Tres matadores modestos, tres matadores que no tienen ni oportunidad de vestirse de luces, le echaron ayer el valor de salir al ruedo de Las Ventas a ponerse delante de una corrida de toros muy seria, tanto como se ha venido pidiendo; una de esas corridas de toros que, según dicen los del «bunker», no existe; una corrida de toros que ni por casualidad remota ha pasado por los corrales de la plaza en esos desfiles de reses a docenas que intentan trampear las figuras para sorprender la buena fe de aficionados, veterinarios y autoridad.
Joaquín Vidal ( de la crónica de la corrida celebrada en Las ventas el 27/5/1976. Toros de Luciano Cobaleda para Dámaso Gómez, El Puno y Antonio Rojas)
Foto: Toro de Luciano Cobaleda de 1979 (vía Recortes y Galleos)
A esta crónica también se hace referencia en el Opus 17 de Tierras Taurinas dedicado al encaste Vega-Villar

lunes, octubre 11, 2010

Sobre Raúl Sánchez


En la revista Taurodelta podemos leer una entrevista de José Ignacio de la Serna a Raúl Sánchez. Les enlazo a la misma ( tiene formato pdf).
Al tiempo copio unas lineas de una crónica de Joaquín Vidal sobre la tarde del 30 de septiembre de 1979 en Las Ventas, tarde en que se lidiaron toros de Luciano Cobaleda:
El argumento que suelen emplear los responsables de la injusticia es así de sibilino: De acuerdo; Raúl Sánchez puede con los toracos, pero en cuanto le sacas uno de almíbar, al estilo de los que utilizan las figuras, no sabe qué hacer con él y fracasa. Lo cual es el colmo del cinismo, puesto que la proposición hay que hacerla exactamente al revés: son las figuras las que están obligadas a torear el toro con fortaleza, edad y en puntas, no Raúl Sánchez el torucho del fraude.