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viernes, junio 13, 2014

"Escribir y Torear" , el lema que Alfonso Navalón portaba en sus zahones (Tierras Taurinas)


 “Escribir y torear”, era el lema que Navalón portaba en su zahones, igual que un caballero en su blasón. Si bien fue leal a esta causa toda su vida, unió ambos elementos mejor que nunca en dos estaciones: un invierno en Salamanca y una primavera en Andalucía, cuando hace ya treinta años culminó su obra superior, aquel viajehacia los toros del invierno y del sol, alternando tientas yconfidencias, y evitando cuidadosamente las ganaderías del encasteDomecq. Él mismo tentaba las becerras para conocer mejor su bravura. Una costumbre que no podía realizar siempre, ya que la reputación sulfurosa del crítico precedía a la del escritor. “Debo a Eduardo Miura haber podido entrar en todas partes -reconoció un día-. En la Andalucía de aquel momento, cuando se presentaba una situación infrecuente, los demás ganaderos le pedían consejo a él... No le hagáis sospechar -dijo a muchos de ellos-: recibidle, enseñadle todo, es una buena persona...”. Así se hizo y Navalón tentó en todas partes, rebuscó en libros y cercados... ¡Salvo en casa de Miura, pues su amigo don Eduardo prefirió recibirlo regiamente en un gran hotel sevillano que en Zahariche!

Tierras Taurinas . Opus 26 "Viaje a Moróbrija" 


martes, mayo 27, 2014

Habla el maletilla Conrado


Desde siempre, y más todavía desde que por su cabello blanco parece un druida celta, a Conrado le ha gustado filosofar. “La Fiesta Nacional es de valor..., y ahora mismo las figuras aburren mucho a la gente. Si no sale el toro ideal, además de chico, se ponen tristes. Y esto sólo funciona si hay emoción ante el peligro. Si no hay peligro, el toreo es aburridísimo. Igual que una chica muy guapa: si no te contesta cuando se lo dices, pierde atractivo”.


[…] He ido por el mundo, me he buscado la vida y, con mis 87 años, sigo siendo un niño. En parte por esa vida que he llevado”. La de maletilla, sin embargo, siempre fue una dura escuela de aprendizaje. “Esa dureza, esa manera de vivir, el 90% de la sociedad no la conoce, por muy dura que sea la suya. El que va por el mundo durmiendo en jardines, pajares o sitios parecidos, y cuando mira sus bolsillos parece que están rotos, debe tener algo innato. Ser torero no se elige. Se tiene que nacer con algo. La verdadera vocación de un chaval que quiere ser torero no es fácil; lo normal son las comodidades, por eso, esto de las capeas se ha ido perdiendo debido a las escuelas, los Bolsines... Pero creo que todo admite una dureza, una lucha, una constancia… que no se está viviendo ahora”.



martes, mayo 20, 2014

Sobre el yacimiento de Siega Verde (Tierras Taurinas)



A 17 kilómetros de Ciudad Rodrigo, río Águeda abajo, cientos de toros grabados sobre la pizarra negra se encuentran reunidos para la eternidad en un Concilio de Piedra. Quizás sean los testigos de un antiguo culto que los antepasados lejanos de los mirobrigenses rendían al sol durante el Paleolítico. Eso explican, al menos, en el centro de interpretación. Lo cierto es que, durante más de ocho milenios, aquellos cazadores-recolectores lucharon aquí contra los toros salvajes que poblaban la comarca. Y para que nadie pudiera poner en duda los hechos, grabaron su efigie en la piedra.


[…] para cualquier aficionado que se acerca a los carnavales de Ciudad Rodrigo -que en un día suman más que todos los visitantes de Siega Verde a lo largo del año- se vuelve obligatoria la visita a este museo del paleolítico, para entender que lo nuestro nació mucho antes de lo afirmado por aquellos que pretenden denegarle a la cultura taurina su sitio en el Patrimonio de la Humanidad […] Ahora falta rematar la obra e inscribir también las manifestaciones modernas de esta cultura milenaria... Porque, si bien los cazadores-recolectores dejaron un día de grabar sus obras en Siega Verde, los toros que las inspiraron continúan bebiendo las aguas del río Águeda. 

Tierras Taurinas. Opus 26  Viaje a Miróbrija

Nota: Matías, en el bajo del tendido 2 de Las Ventas, dispone de un buen número de ejemplares de Tierras Taurinas


viernes, mayo 16, 2014

De la última editorial de Tierras Taurinas


La carrera irreflexiva emprendida por las actuales figuras del toreo en busca de un protagonismo cursi que quizás acabe emborronando sus éxitos en los ruedos, provoca  verdadera aversión en el aficionado. “Ésta no es mi Fiesta”, dicen muchos que aún consideran que el toro –sea del encaste que sea- sigue constituyendo el eje del espectáculo. Nunca tragarán con esta involución que intentan imponer desde las altas esferas... Apena ver a varias figuras del toreo comportarse como charlatanes de la comunicación cuando, por méritos propios, valen mucho más que todas esas cotorras. Y entristece aún más comprobar que, en vez de trasmitirle a la sociedad los verdaderos valores que atesora la Tauromaquia, se empeñan en reducirla a un divertimiento cualquiera. Don Dinero siempre ha mandado mucho, sin embargo, aunque a las figuras del toreo de antaño también les gustaba llevarse lo suyo, ninguna hubiera hipotecado así el prestigio de la Fiesta para arañar cuatro duros extra. Si a este problema le añadimos el generalizado y preocupante nivel de casta existente en la cabaña brava -incluyendo las ganaderías y encastes llamados “duros”-, entendemos que el desencanto se adueñe de la afición. Y si ésta deja de acudir en masa, el negocio se acaba, por muchos triunfos que cosechen las figuras, cuyo desprestigio puede calibrarse en las taquillas. (sigue en el enlace )


Nota: Matías, en el bajo del tendido 2 de Las Ventas tiene a la venta los números de Tierras Taurinas

martes, mayo 06, 2014

El nuevo número de Tierras Taurinas ya en mis manos

A quince kilómetros de Ciudad Rodrigo, río Águeda abajo, en el fabuloso yacimiento de Siega Verde, hace veinte milenios, un puñado de cazadores-recolectores grabaron sobre la pizarra la efigie de los toros salvajes que mataban en la vega del río. Más tarde, 500 años antes de nuestra era, también a quince kilómetros de Ciudad Rodrigo, pero río Águeda arriba, un monumental verraco, parecido a los de Guisando, velaba sobre el castro vetón de Irueña, en el mismo lugar donde sigue hoy, aunque partido en tres trozos y envuelto por la maleza.

Basta viajar por la comarca mirobrigense, para comprobar que aquellos mismos toros siguen existiendo en la actualidad. Incluso embisten mejor, ya sean los aldeanuevas del maestro Pedrés, los que crían los hermanos Sánchez Herrero, los del Risco, los ybarras de Sayalero y Carreros, los jandillas de Rafa Cruz o los santacolomas de los herederos de Juan Mateos.

Paseando por las estrechas calles de esta ciudad cargada de historia, uno se percata que su esencia mana de los toros del Carnaval. Si quedaba alguna duda, tras seguir la huella dejada por Navalón en Fuentes de Oñoro, ahondar en las andanzas de Conrado o escuchar cómo José Ramón Cid Cebrián cuenta la leyenda de Julián Sánchez «El Charro», comprobamos que, a lo largo de veinte milenios, el toro ha sido el referente obligado de cuantos han recalado en esta comarca tan taurina. ¡ Incluido el propio Duque de Wellington !.