Les enlazo al artículo publicado en Abc, y copio unas lineas:
El lenguaje es un toro vivo, nunca abanto y corretón, siempre con fijeza, aunque tardee; es un toro, pues, la palabra. Y a ese «toro» no podemos echarlo a la dehesa del olvido como si se tratara de un marrajo que calamocheara y no saliera de un soliloquio de hachazos y gañafones
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Nota: les enlazo a la web de la Peña Paco Apaolaza, en donde se publican las bases de este concurso por si alguno se anima para la próxima edición
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jueves, marzo 17, 2011
lunes, marzo 01, 2010
El Notario Barbeito da Fé (el Papa Negro)

EL NOTARIO BARBEITO DA FÉ.
Ayer domingo , Antonio García Barbeito firmaba la “tercera” de ABC con el título “Toro de España”.
Escribe bien Barbeíto en un tono de rica metáfora barroca sevillana , sin embargo a veces el autor se hace preciso y notarial . Ahí va la perla :
“Soy un vino de sangre. El mundo es la bodega de mi sangre, y mis cuidadores tienen más de bodeguero que de ganadero”.
A la verdad por la metáfora . El notario Barbeito da fé .
sábado, mayo 03, 2008
Los desastres de la guerra -crónica de la goyesca- (el capitán alatriste)
LOS DESASTRES DE LA GUERRA
A las nueve y media de la mañana, Antonio García Barbeito diseccionó el 2 de mayo con el punzante escalpelo de su voz, augurando que si Goya tuviera que plasmar la España de hoy, rompería los pinceles. Doce horas después, amplío la conjetura de Barbeito aseverando que el genio zaragozano, gran aficionado a los toros, hubiera ingerido medio litro de aguafuerte antes que cincelar un solo grabado de la corrida de esta tarde.
Los “valdefresnos”, seis toros de mansedumbre histórica, corrieron hacia los chiqueros como un ejército en retirada. Ni siquiera el repliegue francés en Waterloo resultó tan descorazonador. Uceda comenzó su primera faena en el tendido 8 y la terminó en la trinchera del 3. Fue un inquietante vaticinio.
El segundo toro se dejó caer al callejón como una granada de mano. Afortunadamente, no llegó a estallar; y en venganza, “Alcalareño” le puso las banderillas a la virulé. El Cid, que se las vio con un ejército inválido y volvió a ser el pincha-uvas de tiempos pasados, estuvo sublime en un quite por verónicas al que abrió plaza, cuando todavía fulguraba un rescoldo de esperanza en el ambiente.
Al tercer choto de capea, cuando el rescoldo de esperanza ya era una montaña de cenizas, la plaza despertó y acusó al Presidente de “afrancesado sinvergüenza”. Durante la alharaca, también se mentó a la madre de Napoleón. Y coincidiendo con la pañolada verde, se escuchó: “¡Que estamos en Madrid, coooño!”. Castella no apaciguó los ánimos, y anduvo espeso, encimista y fuera de cacho con el sobrero de Alcurrucén y el sexto de Valdefresno. La lidia de este último, por cierto, fue criminal.
Los cabestros de Florito y Curro Molina recibieron las dos únicas ovaciones del aciago 2-M. En tardes como ésta lo mejor es sacar bandera blanca, y que cada uno tire pa´su casa (o para “El Puerta Grande”, como fue mi caso).
Nota: Siento publicar este post con retraso...pero acabo de encender el ordenador.
Foto: Juan Pelegrín
Foto: Juan Pelegrín
miércoles, abril 30, 2008
Porque es arte - Antonio García Barbeito- (el capitán alatriste)
Recibimos el siguiente e.mail del Capitán Alatriste:Te mando el artículo de Antonio García Barbeito que ha ganado el premio Premio Manuel Ramírez. Fue publicado en el ABC del pasado 20 de enero. Adjunto también una foto que le hice a la estatua de Curro Romero hace un par de meses cuando anduve por Sevilla.
Un abrazo.
ANTONIO GARCÍA BARBEITO
Porque es arte
Se puso el trapo entre las manos como quien se pone en la voz un cante viejo, como quien se acomoda una guitarra llena de soledad, libre de dueño. Y el cante, aunque de otro, va y le suena como nunca sonó con otros ecos, y la guitarra, suave, se despeina para él solo, inédita de trémolos. Cogió el milagro y lo mimó lo mismo que se mima de un hijo el primer sueño, y lo probó por éste, el otro lado, lo abrochó a la cintura como un beso... Y el muchacho creaba y no sabía que estaba la verónica naciendo, y la media, como pose de baile, le reclamaba cantes más festeros.
Pero aquel duro que el hombre traía no era el duro común de los toreros, ni era común su juego de muñecas, ni era común su derechazo inmenso. Percales y franelas se le iban enredando en su magia, su misterio: «El que quiera este duro que lo pague; quien no quiera, que busque otros "dineros". El duro que yo traigo es este duro, y este será el de siempre, yo lo advierto». Y así nació la fe por un estilo, por una maestría que es un credo; y así fuimos a verlo, y... «nada hoy», y los curristas van... «¿has visto el viento? ¿Y el primero? Sin casta y sin empuje. ¿Y el cuarto? El cuarto, el cuarto... ¡un burriciego!».
Pero el día que el dios de oro bajaba las manos donde sube un cante eterno, el día que aquel duro se ponía de canto derramando sus secretos... el día que los toros se venían por donde tienen que venirse ciertos, el día que las telas presentían el arte en cada grano del albero... ese día valían las esperas lo que vale un billete de ida al cielo... Bordaba tres y media, y... ¡la gloria!, colocaba el perfil y... ¡un monumento! Ese día en el monte y en la plaza ya no había más matas que el romero. Y era ya aquel torero un cantaor desangrado de cantes de un milenio.
La soledad torera es como un cante al que le has de poder y engrandecerlo. Cantar es torear puntas del grito; torear es cantar con todo el cuerpo. Y el muchacho traía en su capote y en su muleta mucho de flamenco; el compás siempre al quite, la justeza, tres y media, señor, y ¡ahí queda eso! Un trincherazo para que trabajen pintores y escultores, y el secreto de ir a torear como quien baila, y salir de ese baile tan torero.
Y el duro siempre en pie, sin inmutarse, sin cambiarse, sin darse al compadreo, sin engañar, sin justificaciones: al vino, vino, y a lo hecho, pecho. O está la tarde de formarle un lío o está la tarde para irse huyendo. Te hiela o te achicharra, nunca tibio, nada de medias tintas: luz o infierno. Y lo mismo en persona, que las luces no le cambian el paso ni su viento: si es hora de entregarse, a darse todo; si no es mi sitio, adiós y buen provecho. Siempre con la verdad, con ese duro que le sigue brillando. Y tan flamenco. Por eso gana el Arte con su nombre resonando entre los académicos. ¡Qué olor, Santa Isabel, por esa Hungría donde el monte, por él, todo es Romero...!
Se puso el trapo entre las manos como quien se pone en la voz un cante viejo, como quien se acomoda una guitarra llena de soledad, libre de dueño. Y el cante, aunque de otro, va y le suena como nunca sonó con otros ecos, y la guitarra, suave, se despeina para él solo, inédita de trémolos. Cogió el milagro y lo mimó lo mismo que se mima de un hijo el primer sueño, y lo probó por éste, el otro lado, lo abrochó a la cintura como un beso... Y el muchacho creaba y no sabía que estaba la verónica naciendo, y la media, como pose de baile, le reclamaba cantes más festeros.
Pero aquel duro que el hombre traía no era el duro común de los toreros, ni era común su juego de muñecas, ni era común su derechazo inmenso. Percales y franelas se le iban enredando en su magia, su misterio: «El que quiera este duro que lo pague; quien no quiera, que busque otros "dineros". El duro que yo traigo es este duro, y este será el de siempre, yo lo advierto». Y así nació la fe por un estilo, por una maestría que es un credo; y así fuimos a verlo, y... «nada hoy», y los curristas van... «¿has visto el viento? ¿Y el primero? Sin casta y sin empuje. ¿Y el cuarto? El cuarto, el cuarto... ¡un burriciego!».
Pero el día que el dios de oro bajaba las manos donde sube un cante eterno, el día que aquel duro se ponía de canto derramando sus secretos... el día que los toros se venían por donde tienen que venirse ciertos, el día que las telas presentían el arte en cada grano del albero... ese día valían las esperas lo que vale un billete de ida al cielo... Bordaba tres y media, y... ¡la gloria!, colocaba el perfil y... ¡un monumento! Ese día en el monte y en la plaza ya no había más matas que el romero. Y era ya aquel torero un cantaor desangrado de cantes de un milenio.
La soledad torera es como un cante al que le has de poder y engrandecerlo. Cantar es torear puntas del grito; torear es cantar con todo el cuerpo. Y el muchacho traía en su capote y en su muleta mucho de flamenco; el compás siempre al quite, la justeza, tres y media, señor, y ¡ahí queda eso! Un trincherazo para que trabajen pintores y escultores, y el secreto de ir a torear como quien baila, y salir de ese baile tan torero.
Y el duro siempre en pie, sin inmutarse, sin cambiarse, sin darse al compadreo, sin engañar, sin justificaciones: al vino, vino, y a lo hecho, pecho. O está la tarde de formarle un lío o está la tarde para irse huyendo. Te hiela o te achicharra, nunca tibio, nada de medias tintas: luz o infierno. Y lo mismo en persona, que las luces no le cambian el paso ni su viento: si es hora de entregarse, a darse todo; si no es mi sitio, adiós y buen provecho. Siempre con la verdad, con ese duro que le sigue brillando. Y tan flamenco. Por eso gana el Arte con su nombre resonando entre los académicos. ¡Qué olor, Santa Isabel, por esa Hungría donde el monte, por él, todo es Romero...!
domingo, diciembre 02, 2007
Últimos ensayos
El Capitán Alatriste nos manda el siguiente texto:ÚLTIMOS ENSAYOS (Antonio García Barbeito)
"La lengua helada del invierno ha quemado las yerbas que ahora tendrían que verdear todo el campo [...] Miedo en punto de la tarde y zumbido de enjambre en el tendido. Eso será después. Ahora íntima corrida, es la dehesa abierta, la voz de los íntimos, la propia inseguridad o la propia firmeza. Ahora es la hora de corregir, de enmendar, de saber que no es por ahí, que engañó aquella embestida o que las telas amoldan o no el viaje del bicho. Ensayos generales. No hay mentira en el toreo ni en la artificiosa ganadería de los carretones: siempre se descubren los fallos. Ni en el toreo de salón, por más que el aire sea pastueño y noble, y humilde. Esta verdad abierta del torero en el campo, probándose ante erales, no es cualquier cosa; es una verdad menos peligrosa, sí, pero tan cierta como la que se cita con un cinqueño [...] Toreo de campo, tan verdadero, tan necesario, tan serio como el primero. Aguardan, atestados, los roperos de luces; aguardan tardes de hotel y de suspiros, de rezos y esperanzas. Ahora la verdad anda desnuda en las placitas de tienta, en las placitas de pueblo entre charangas y chiquillos curiosos y asombrados. Aquí, en el campo, ensayo general con todos los avíos [...] Sabe a feria de campo. Y es que ya, cerca del río, moneda de oro de más de dos siglos, La Maestranza aguarda una resurrección de lentejuelas que se deshojarán en brillos frente al sol de la tarde".
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