La
fiesta, para mí, se divide en dos ramas:
Espectáculos
taurinos: Ahí es donde va el 90% del público, son las que llenan
las plazas, van las figuras, los toros se mueven y pasan. En esas el
aficionado sale diciendo que aquello no le ha dicho nada. Ves lo
mismo que ayer y lo mismo que mañana.
Corridas
de toros: Para mí hay poquísimas. Dan importancia a los primeros
tercios, el caballo importa, el toro exige y responde cuando le
haces las cosas bien. El toro es encastado, va a embestir si le
haces las cosas bien, va a protestar si no te cruzas. Si lo llevas a
los medios y no te engancha, sacará a flote su nobleza. Quizás lo
que busquemos esto estemos equivocados. El toro que se busca es
otro, el que lleva a la gente, lo que busca el empresario y los
aficionados -cada vez hay menos- se aburren.
Los
espectáculos taurinos son la fiesta que se va definiendo, asentando
y extendiendo. Las corridas de toros quedan poquitas, seremos los
equivocados. Buscamos un toro que en estos tiempos no se pide ni da
resultados. El toro de lidia es el único animal con libro
genealógico que no tiene modelo, nadie te dice que tipo de toro
debes criar. Cada ganadero debe crear su modelo y la mayoría tiene
el de movilidad con poca exigencia y transmisión y una minoría
equivocada buscamos el otro tipo de toro, que daría corridas, pero a
eso van cuatro gatos.