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domingo, mayo 21, 2017

Undécima de feria


Toros de las Ramblas para Juan José Padilla, Antonio Ferrera y Manuel Escribano.

Toreros banderilleros y público de domingo: Bullicioso y festivalero, ansioso de triunfo, que todo lo jalean y celebran con griterío ensordecedor, los pares de banderillas a toro pasado y los que se ponen cuadrando en la cara del toro, que también los ha habido, los temerarios como el último de Escribano y los logrados con la banderillas caídas y descompuestas o incluso por los suelos.

Igual cuando toreaban de capa, muy aplaudido Escribano en el sexto toro en una faena a un toro sin casta ni clase, obediente y realizada toda fuera de cacho y aliviándose en exceso, un mete-saca terrorífico y el toro se echa lo que ha evitado peticiones de oreja que hubieran estado fuera de toda lógica.

La tarde la ha salvado Antonio Ferrera que ha realizado una faena primorosa a un quinto toro a pesar de la falta de calidad del astado y que le ha valido una oreja de mérito.
Muy tranquilo, centrado y reposado toda la tarde el torero que ha planteado una faena importante a pesar de la mala calidad del toro que ha sido el menos malo de la tarde ya que la corrida entera ha resultado mansa, de escasas fuerzas y carente de casta, como todas las que esta ganadería ha traído a Madrid a lo largo de los años, y como tantas que vienen continuamente sin ninguna garantía y se tragan los toreros sin rechistar para no contrariar al empresario que en definitiva es el que contrata.

Jandro

domingo, 21 de mayo de 2017
Fotos: Andrew Moore

domingo, abril 30, 2017

Ayer, por fin, una corrida de Toros en Sevilla






Emoción y verdad creo que son las palabras más repetidas por los aficionados.
La fiesta de los toros frente a las farsas de los días previos.
Fotos : Arjona para Aplausos

lunes, mayo 30, 2016

Rafaelillo


Los toros de Adolfo Martín con su estirpe y su trapío albaserrada-saltillo-santacoloma se van pareciendo cada vez más a las ganaderías mal llamadas comerciales en lo que se refiere al comportamiento de las reses: galopan a topar con el caballo pero no empujan, se dejan pegar y salen sueltas de la suerte y en la muleta tienen nobleza y bondad con un tranco tranquilo, se les pueden dar muchos pases con una comodidad desconocida hasta ahora, pero exigen mando, no están aborregadas y ahí es donde el torero debe tirar de oficio.
La excepción ha sido el cuarto toro de nombre Malagueño (qué casualidad) cárdeno claro y cuya lidia le ha correspondido a Rafaelillo torero épico donde los haya al que le gusta enfrentarse a toros fieros y así lo ha demostrado esta tarde: Malagueño ha sacado el carácter de los Adolfos de antes, ha recibido tres varas, cosa inusitada hoy día, y aunque en el tercio de banderillas no ha desarrollado instinto, en cuanto ha llegado a la muleta ha dejado claro que no tenía buenos modales, ponerse frente a él iba a ser arriesgado porque medía a su lidiador desde el primer pase, se volvía con rapidez y buscaba al que manejaba la muleta. Muy complicado ha sido el pitón derecho que no ha ofrecido posibilidad de lucimiento a Rafaelillo aunque le ha obligado a entrar en la muleta a regañadientes. Por el pitón izquierdo parecía que igualmente iba a resultar imposible pero ahí es donde Rafaelillo ha tirado de valor y le ha plantado cara con una decisión y una dosis de energía que inmediatamente ha transcendido a los tendidos pendientes del más leve movimiento en la arena. Ha arriesgado como nadie lo había hecho hasta ahora en esta feria y ha sometido al toro. Aún después de recoger el estoque de acero le ha sacado los mejores naturales de toda la tarde. Un pinchazo en todo lo alto y una estocada algo trasera han acabado con la vida de este excelente toro que nos ha traído sensaciones de antaño, cuando estas alimañas apeaban a los picadores, sembraban el pánico en las cuadrillas en el tercio de banderillas y buscaban los talones de sus matadores después de cada pase de muleta.
El resto del encierro suavote y casi dócil no ha sido aprovechado por Castella que ha estado indeciso y medroso toda la tarde ni por Escribano que ha puesto siete pares de banderillas y sólo en el sexto (segundo del quinto toro) ha cuadrado en la cara del toro, ha demostrado mucho valor en los pares desde el estribo con quiebro y saliendo por los adentros así como sus dos portas gayolas, pero con la muleta no ha sabido domeñar a sus oponentes.
Tampoco Rafaelillo se ha mostrado decidido con el primero, lo que nos ha llamado mucho la atención, pero ha corregido su disposición definitivamente en el cuarto al que no le ha cortado una oreja muy solicitada por la plaza, por decisión, injusta a nuestro parecer, del Presidente.

Jandro

lunes, 30 de mayo de 2016

miércoles, mayo 18, 2016

Decepcionante corrida de Pedraza de Yeltes en Las Ventas

 Nos tiramos el año recordando alHurante, número 11, del año pasado y a los otros dos que se fueron al desolladero entre ovaciones, nos la tiramos leyendo reseñas, viendo fotografías fabulosas de los Pedraza en Dax, en Azpeitia, en Salamanca hace un par de años, vueltas al ruedo, imponentes tercios de varas, emoción a raudales, y se presentan en  Madrid con una escalera de caracol, como para decir que esta Primera Plaza de Pueblo del Mundo no les importa una higa, que ni varas, ni fiereza ni ná, que ha salido un bobo coloradito,Holandero, número 7,  que ya quisiera don Paco Medina haber fichado a ese trotón para su cattle-ranch cuando elimine lo anterior.

José Ramón Márquez en Salmonetes ya no nos quedan

viernes, abril 15, 2016

Escribano ante "Cobradiezmos" de Victorino Martín


La lida de ese cuarto toro fue como sigue: Manolo lo recibió a porta gayola con una espectacular media larga cambiada de rodillas, seguida por templadas verónicas y una gran media. El toro empujó bastante en varas y siguió mostrando fuerza y alegría en el quite de Morenito (por mandiles y media verónica) y en el segundo tercio, mismo que Escribano cubrió con su habitual prestancia.
El diestro sevillano inició el trasteo doblándose por bajo, con poder y elegancia. Luego, el espléndido bicho se dejó torear en los medios sin darle un momento de respiro al coleta, quien tuvo la garra, los riñones y el hambre suficientes para poderle al cárdeno sin dudar nunca y regalándonos el milagro del temple. Pocos toreros del escalafón podrían haber toreado con tanta verdad a un toro tan bravo y tan noble, pues hacía falta mandar mucho, acompañar con suavidad las embestidas y pensar en la cara del toro, algo que se resume en un solo atributo taurino: el poder.

Gastón Ramírez - Aquí su crónica -

jueves, abril 14, 2016

¡Por fin Toros! , ¡Viva Victorino!

Lo acaecido en el ruedo sevillano fue el triunfo apoteósico y arrebatador del toro, el gran protagonista de esta fiesta que tan grandes misterios encierra.
 Antonio Lorca - Aquí la crónica -

Una gran tarde de toros es el resumen de la de Victorino en Sevilla, sobre todo porque hubo toros. Con ellos llegaron la emoción y la pasión a los tendidos y todo el mundo salió de la Plaza sin echar cuentas del reloj, de lo larga que había sido la corrida: el espectáculo tedioso y trucado de tantas tardes halló hoy el más perfecto contrapunto gracias a los toros de Victorino Martín Andrés, ganadero de reses bravas de Galapagar, divisa azul y encarnada

José Ramón Márquez - Aquí la crónica -

Que el miércoles de farolillos y festivo, no llegue la plaza a tres cuartos, demuestra que al aficionado lo han echado de las plazas de toros y que es muy difícil que vuelva. Pero si saliera así de brava una de cada cinco corridas, seguro que volvían.

Ignacio Sánchez-Mejías -Aquí la crónica -


Victorino Martín, con tres toros de nota (2º, 3º y, por supuesto, el indultado 4º) enseñó el camino a los que nos han hecho sufrir tardes indecentes en el abono. El festejo de ayer hace creer a los aficionados que pasar por la taquilla merece la pena.

David Zamora - Aquí la crónica -

Foto: Aplausos

martes, marzo 29, 2016

Un fantástico toro de Pedraza, gran triunfo de Joubert en Arles (Crónica de Barquerito)

Un fantástico toro de Pedraza, gran triunfo de Joubert
Corrida de gran porte y brava de los hermanos Uranga, con un quinto excepcional. Reaparición feliz y afortunada del joven torero arlesiano tras dos años en el olvido
Arles. 5ª de Pascuas. 5.000 almas. Nubes y claros, templado. Dos horas y cincuenta y cinco minutos de función.
Seis toros de Pedraza de Yeltes (Hermanos Uranga). Vuelta al ruedo en el arrastre para el quinto, Dudanada, número 20.
Manuel Escribano, saludos y palmas tras un aviso. Thomas Joubert, aplausos y dos orejas. Juan del Álamo, una oreja tras dos avisos y silencio tras dos avisos.
Buenos puyazos de José Manuel Quinta, Óscar Bernal, Mathias Forestier y Paco María.
UN TORO SOBERBIO de Pedraza de Yeltes. Hermosísima prenda de 600 kilos. Colorado, ancha popa, armoniosas proporciones, la cuerna en corona, muy finas las puntas. Un galope sueltecito de partida. Hasta fijarse en el platillo mismo y enfilar desde ahí uno de los caballos de pica de Alain Bonijol. En el Anfiteatro solo sale un picador. Un primer puyazo memorable por la manera de meter los riñones y encajarse. Un segundo en ataque de largo y la misma entrega en el peto. Un quite de Juan del Álamo por tafalleras, dos, y la verónica vuelta de Jesús Córdoba. Réplica valerosa de Thomas Joubert por saltilleras. Galope bravo en banderillas y dos pares excelentes de Raphael Viotti. Y un brindis parsimoniosísimo al público de Joubert.
El primero de lote, encastado, guerrero, noble pero no siempre metido en el engaño, había sido el de su más que decorosa reaparición en Arles, su plaza y su patria. Este otro vino a ser algo así como el toro de su vida. Apuesta mayor: por la categoría del toro, que había empezado a ver y paladear casi todo el mundo en varas y después de varas, y porque, después de dos y casi tres temporadas apartado del toreo, el joven Joubert estaba obligado por la ley del ser o no ser. Fue que sí.
Una faena de larga y original trama, abierta con una inesperada pedresina, que fue como un cohete, y, empalmados con el cohete y el cartucho, el cambiado por la espalda, un excelso natural a pies juntos y dos de pecho amplios, largos, precioso el dibujo. Firme y encajado el torero, planta juncal, verticalidad natural, sueltos los brazos. Un clamor en la plaza. Una segunda tanda más en clásico: el molinete de entrada, cuatro en redondo y el cambiado por alto. Vino planeando el toro a la velocidad perfecta. Templada muleta. Un paseíto enojoso de Joubert entonces. Para tomar aire, para dejarse querer, para pensar, para creérselo del todo.
Y vuelta al toro. Tercera tanda: una arrucina de apertura, tres en redondo, un cambio de mano, el de pecho. Como a resorte el toro en todos los viajes. Todos de aliento, prontos, largos. Una ligera duda de Joubert al echarse la muleta a la izquierda. El pase de las flores ligado con el de pecho. Solución de la tauromaquia de Nimeño II tras su primer viaje a México. Y una segunda cumbre de la faena: al natural de frente sin prueba previa, dos naturales. Y un farol, que no salió, pero lo ligó Joubert con tres más seguidos, y el de pecho. Ya estaba toreando sin espada.
El toro estaba para lo que fuera preciso. Habría admitido hasta veinte viajes más. Incansable el fondo. Sin saberse, el tono de la faena había perdido intensidad. Los adornos a pies juntos se celebraron. No tanto como el toreo de mano baja. Pero hervía el público. De toda la ola de émulos de Juan Bautista –unos cuantos matadores arlesianos de alternativa- tal vez Joubert sea el de mayor sensibilidad. Media estocada. Parecía que sin muerte, pero en el último ataque el propio toro se tragó la espada entera y rodó sin puntilla. Clamor monumental. La vuelta al ruedo al toro. Las orejas para Joubert, que, cuando las tuvo en la mano, se fue a buscar al callejón a Paquito Leal, su maestro y mentor, torero ya retirado, patriarca de los Leal de Arles, lo hizo salir al ruedo, le entregó las orejas y lo abrazó con fuerza. Como hacen los náufragos al sentirse rescatados.
Con todos sus atributos y su volumen, la de Pedraza fue una señora corrida de toros. No se esperaba menos. Los seis fueron bravos en el caballo, nota sobresaliente de la corrida sin excepción. Al sexto, que pareció querer blandearse, le puso las tuercas en varas Paco María. Los seis fueron de largo. El sexto, que por hechuras desdecía de los demás, fue el garbanzote negro: ni un viaje regalado, no descolgó ni una baza. Juan del Álamo, poderoso y entonado con el tercero de corrida, se empeñó en recibir a ese sexto con la espada y no hubo modo.
El primero, cinqueño, de una hondura extraordinaria, fue toro noble pero escarbador, algo tardo y de los de sujetar porque quiso irse varias veces. Tenía, sin embargo, una golosa embestida humillada. Se extendió más de la cuenta Escribano en faena marinera. El propio Escribano quiso lucir al cuarto en el caballo como si se tratara de corrida concurso. No terminó de funcionar el invento, y no por culpa del toro, que fue en varas tan bravo como el que más, sino por otra razones. Demasiado sangrado en tres puyazos, el toro pecó de pegajoso en el último tercio. No pasó apenas nada. Si el toro quinto llega a jugarse de segundo y viceversa, es probable que Joubert se hubiera entonado más. Los toros bravos dan alas y parecen tenerlas.



Fotos: Isabelle Dupin para Apalusos


lunes, marzo 14, 2016

Sobre la corrida de Adolfo en Valencia


  Cinco hermosos toros por delante –tres de ellos, cinqueños- con abundante artillería, en tipo los cinco, cárdenos, cortos de manos. Soberbio escaparate. Solo desentonó el sexto y último, que pasó la barrera de los 600 kilos.
(...)
 La nota relevante de la corrida de Adolfo fue la emoción, Solo que el primero de los seis, cornipaso y vuelto, el clásico saltillo degollado, salió quebrado de varas y se resolvió en una embestida suave pero claudicante.
(...)
Cuatro de los seis toros eran de la misma reata y los cuatro llevaban el mismo nombre, Aviador, estirpe fiable en la ganadería. El tercero, un Tostadito de reata probablemente de prueba, y el cuarto, un Madroño de reata infalible, se salieron del registro. Fueron los dos toros de mayores emociones: el tercero, porque al rematar arriba el muletazo se revolvía, y el cuarto, por hacer esas cosas tan singulares del encaste que son ir mudando de condición a lo largo de la lidia y de hacer las mutaciones para bien o mejor.
Barquerito

Paco Ureña se rompió de toreo. Más puro imposible. Y la entrega, absoluta. Como si quisiera explicar la esencia de todo aquello que había movilizado a 30.000 personas. La verdad de la relación entre el toro y el hombre. Ofreciendo el pecho, ensimismado en sí. Eh, toro. Y rompía por abajo el muletazo enroscado a la cadera. El Adolfo ahí. Una serie de temple rebosante sobre el filo por la derecha. Y de repente un gañafón, una paliza, un pitonazo tan feo que le arranca el corbatín (...). 
 Pero se levantaba Ureña, más sincero aún, le robaba otra serie y de un espadazo lo tumbaba. Caía una oreja fuerte y tras saborearla pasaba a la enfermería.
Rafaelillo le pegaba un zapatazo a la tarde. Salía 'Madroño' y lo recogía con rodilla en tierra por verónicas auténticas. Sinceridad y una media para que estallara la ovación del coso de Valencia, que desde hace un tiempo acogió a Rafael Rubio e iluminó su torera madurez. No rompe el toro tal cual. Va el esfuerzo. Rafaelillo apuesta. La emoción preside aquello. Por la mano diestra, muy abajo. El murciano se crece, le traga, va calando y el pitón izquierdo, resguardado para el final. De repente sucede al natural. Una cuarta de muleta abajo, que extrae el brillo a la embestida y 'Madroño' que se resbala hasta allá. Hay fondo y toreo clásico. Una cuarta, abajo, enganchado y atrás. Otro impacto. La faena se multiplica en su final, el espadazo y una oreja

De Escribano destacar su actuación con el capote.

Entre los de plata destaco la brega de Pepe Mora

Nota: Mucha gente en la manifestación , muchos aficionados de base, sobre todo aficionados a los festejos populares. El mundo del toro en la calle. Como escribe antonio Lorca  "La fiesta de los toros desaparecerá —si así tiene que ser— el día que el público, cansado de aburrimiento, abandone definitivamente las plazas. Mientras tanto, debe ser defendida como lo que es, una tradición en la que millones de ciudadanos, gente que hace cada día este país, de extracción, ocupaciones e ideologías diversas, esperan encontrar un chispazo de felicidad.
Por todo ello, qué bien que el toreo haya saltado al ruedo. Nunca es tarde, ya era hora, por fin…"
Eso si, al frente de la manifestación , junto a la pancarta, se veía a muchos de los culpables de la situación en la que nos encontramos, "figuras" que huyen del toro con trapío , casta y poder como de la peste; representantes de deesos empresarios que todos conocemos...
 Foto: Javier Comos y Arjona



lunes, agosto 31, 2015

Sobre la corrida de Victorino en Bilbao

El cierre de feria fue serio. Tuvo la importancia de la plaza de Bilbao. Toros de Victorino bien hechos, con trapío, varios aplaudidos de salida y muy en el tipo de la ganadería, sin exageraciones, que nadie en Bilbao quiere un toro desproporcionado pero sí que infunda respeto. Un cierre, ahora sí, de Bilbao. Luego, dentro no llevaron lo esperado. Tuvieron poca fuerza y no sacaron la codicia de esta ganadería. Con todo, hubo momentos interesantes, cargados de emoción, 

Alvaro Suso en El País

Foto: arjona para Aplausos

domingo, agosto 02, 2015

Sobre la corrida de Ana Romero en Azpeitia


Una faena de temple y cerebro sobresalientes del torero de Arles –y una estocada soberbia- y cuatro toros distintos pero de buena nota los cuatro de sangre Santa Coloma
Azpeitia (Guipúzcoa), 1 ago. (COLPISA, Barquerito)
Sábado, 1 de agosto de 2015. Azpeitia. 2ª de feria. Soleado, templado. Tres cuartos de plaza. Dos horas y cuarenta minutos de función. Seis toros de Ana Romero.Juan Bautista, silencio tras un aviso y oreja tras un aviso.Manuel Escribano, ovación tras un aviso y saludos tras un aviso. Arturo Macías, palmas tras dos avisos y silencio.
Un buen puyazo de Paco María al primero. Brega notable deRafael González.
LA CORRIDA DE ANA ROMERO trajo un cuarto toro fuera de tipo, badanudo y embastecido. Protestado de salida por acalambrado o renco, se recostó en el caballo de pica para cobrar solo un picotazo. En un sucinto quite de Juan Bautista –una verónica y media preciosa- el toro se dejó ver. Y en el capote de brega de Rafael González también. Brindis al público, protestado, pero a los diez muletazos el toro estaba empapado en la muleta y embebido en el buen torear de Juan Bautista.
Faena ligada, ni un enganchón, ni un tirón, solo un desarme accidental –un pisotón de muleta-, de suavidad particular y ritmo creciente. Todo ese compás pareció seducir al toro, de nobleza extraordinaria. La banda de música había estado demasiado reticente con el torero de Arles en el primer turno y, cuando se arrancó ahora, Juan Bautista la mandó callar en un gesto de torera soberbia. La música la puso el torero, que llegó a enroscarse toro por las dos manos, a abundar en los cambios de  mano y a adornarse con desdenes bien discurridos. Y el fin que corona la obra: al segundo intento, una estocada recibiendo que entró por el hoyo de las agujas y tumbó al toro sin puntilla. Trabajo de gran distinción. La facilidad cerebral y cordial de Juan Bautista.
El toro que rompió plaza, elástico,  muy en Buendía, no fue sencillo sino todo lo contrario: la cara arriba en el caballo, y en la muleta después. Listeza, falsa entrega, acabó reculando, pensándoselo y hasta yéndose a tablas, y fue el único. Como la música se resistió, Juan Bautista se pasó de faena, pero no pasó con la espada. Los tres arreones del toro en las reuniones con la espada fueron fieros.
Tuvieron el festejo en vilo y lo sostuvieron a modo cuatro de los seis toros de Ana Romero. Tres de ellos –segundo, tercero y quinto-, en el tipo clásico, infalible del encaste Buendía. La rama más y mejor fijada del encaste Santa Coloma. Las pintas inequívocas: cárdenos los tres, caribellos –rizos canosos en testuz-, bragados, meanos. Las hechuras: bajos de agujas, finos de cañas, redondas culatas, cuellos cortos, cabezas más chicas que grandes, afilados pitones. No fueron tres gotas de agua.
El quinto, cumplidos los cinco años, llevaba la edad marcada en porte y gesto, no solo en el brazuelo. Más cuajo, aire algo felino, más músculo. 530 kilos, que podrían ser un exceso en su encaste. Pero no en este caso. Ni el segundo ni el tercero pasaron la frontera de los 490 kilos y cumplieron con la ley del toro en peso y en tipo: se movieron con ganas los dos. El segundo de corrida, con prontitud, son codicioso y alegre galope. Toro templado, ganoso y nervioso. El tercero, ligeramente montado, cornicorto pero veletito, fue el que más y mejor se empleó en el caballo, el de más largo y brioso recorrido, el más ágil también. Y el más duro de manos a la hora de morir.
Morir resistiéndose y defendiendo territorio, que es una señal propia del encaste. Un detalle: con la espada dentro –no siempre en el lugar preciso- no se echó ninguno de los toros. No pudieron con ellos ni las ruedas de capotazos de peones, que el público de Azpeitia censura de siempre. Manuel Escribano se llevó el lote de Santa Coloma puro, mucho más claro y sencillo el segundo toro que el quinto. A manos del mexicano Arturo Macías el bravo y temperamental tercero, para el que se pidió la vuelta al ruedo. Si no coincide el arrastre del toro con el zortziko de Aldalur –en versión enriquecida este año-, la petición de vuelta habría prosperado. Macías hizo un supino esfuerzo para no dejarse desbordar, probó su oficio para desplazar al toro cuando lo sintió demasiado potente o pegajoso y se sirvió de una muleta de generosas proporciones para aquilatar las embestidas más empastadas, que fueron muchas.
Escribano, amigo de espaciar las faenas en pausas gratuitas entre tandas y paseos enojosísimos, no terminó de romperse con el gran pitón izquierdo del segundo de corrida: faena de más a menos, pues ganaron en calidad y ritmo las dos primeras tandas con la zurda que las otras que les siguieron sin particular hilván. Tardó en encontrar al toro la igualada –propio de faenas largas- y salió de la reunión de la primera estocada –un pinchazo arriba- feamente revolcado pero ileso. También Macías sobrevivió sin duelo a dos volteretas tremendas. La faena de Escribano al quinto, toro al ataque siempre- fue de más voluntad que acierto, de más sitio que entrega. Dos vueltas al pasodoble y un solo de trompeta que calentó el ambiente más que nada. Y, en fin, un sexto toro que pareció de otra película, hizo cosas de reparado de la vista pero fue mirón. Dos horas y media largas de festejo. La gente no quería ya más nada.
Postdata para los íntimos.- Ha salido el sol.
Foto: Tierras Taurinas

lunes, julio 27, 2015

Mas sobre la corrida de Miura en Valencia

La Feria de Julio de Valencia ya tiene triunfador: Rafaelillo. El murciano toreó primorosamente este domingo, arrastrando la muleta por el albero, enganchando las embestidas y rematando detrás de la cadera, templando, cargando la suerte, dejando remates desmayados... Una lección de toreo clásico y del caro, unánime e intemporal. Este derroche de magisterio no lo hizo ante un Victoriano del Río, un Zalduendo, un Garcigrande o un Núñez del Cuvillo. Ni por asomo. ¡Eran Miuras! 
(...)
Hay faenas sublimes sin premio que quedan en la memoria por siempre. Y otras, atiborradas de despojos, que se olvidan al salir de la plaza. Últimamente, la Tauromaquia ha tomado una deriva triunfalista que la aparta de la épica: el héroe no siempre gana. Este domingo, Rafaelillo salió de la plaza a pie y su compañero Manuel Escribano -otro tío de las medias a la castañeta- se fue con la casaquilla, el chaleco y la camisa hechos trizas.  


Gloria Sánchez-Grande- Aquí su crónica -

"Rafa ha echado una tarde completa el cabrón y había que jugársela" (Manuel Escribano)

Sobre la tarde de Miura en Valencia

La tarde había sido de constante emoción. Una tarde de toros de incontrolable contenido en la que no valían las medias tintas. Los Miura impusieron su sello y Rafaelillo y Escribano respondieron con una desgarradora y sincera demostración del toreo sin excusas ni remilgos. Era todo o nada. Qué emoción.

Andrés Verdeguer -Aquí la crónica completa -

Foto: cultoro

miércoles, julio 15, 2015

Sobre Manuel Escribano

El cuarto fue un tren de mercancías. Largo como él solo, cuajado, serio y precioso de capa. Picado atrás y mal, y encelado con los garapullos de Escribano, que estuvo valentísimo toda la tarde en banderillas, librándose de milagro en su primero de un emparedado con las tablas. Sin duda fue éste el Miura más encastado y duro de la tarde, sin regalar absolutamente nada y con las intenciones siempre de ganar terreno y apoderarse de lo poco que le dejó Manuel, oficioso y bravo frente al grandón “Rayito”. Destacó un gran natural, mandado y lentísimo a mitad de faena, de lo poco que se dejó y entregó el animal. Pinchazo y estocada baja que emborronó una más que digna actuación.

Borja González en Puereza y emoción

Manuel Escribano no salió por la puerta grande, pero lo mereció, y no como otros. Es un torero valentísimo, sincero a carta cabal y generoso sin límites. No se lo llevaron a hombros, pero estuvo muy por encima de la deslucida corrida de Miura, se jugó la vida sin trampa ni cartón, asustó a la concurrencia y exprimió a sus toros desde que salieron por chiqueros hasta que exhalaron su último aliento. Carece de pellizco artístico, pero es todo corazón, y emociona por su entrega. Maneja con soltura los engaños, se deja ver en banderillas con la verdad por delante y mata con facilidad. Lógico es, pues, que destaque con las corridas duras que exigen toreros con el corazón palpitante y la cabeza amueblada.

Antonio Lorca en El País

Foto de Javier Arroyo para Aplausos